Los abucheos del FMI

En las últimas décadas el FMI siempre funcionó como un organismo de lobbying a favor de los capitales financieros internacionales. Mientras la Argentina fue benevolente con ellos, fue la estrella, un ejemplo a seguir. Cuando dejó de ser benevolente, sin ser tampoco una tierra suficientemente hostil, se convirtió en objeto de censura.

El FMI es uno de los principales impulsores del Consenso de Washington (1991), cuyo recetario tomó la Argentina para profundizar las políticas de valorización financiera y disciplinamiento social, iniciadas en la dictadura con fundamento civil y militar de 1976: la etapa neoliberal terminó (2001) con la mayor pobreza, la mayor indigencia y la más alta desocupación que conoció la Argentina. Sus recetas incluyeron destrucción industrial, destrucción del mercado interno, desmovilización social, desindicalización, represión, reducción y compartimentalización del Estado, penetración de dirigentes de las principales empresas en las oficinas del Estado, flexiblización laboral, privatización de empresas públicas, reducción del gasto social y ampliación de los vencimientos de deuda, endeudamiento externo, dependencia del exterior, políticas sociales reducidas y focalizadas, descentralización y deterioro de lo público, entre otras.

En 2001, como resultado de la aplicación de todas esas medidas, el desempleo, la pobreza y la indigencia estaban en más del 20%, casi 50% y cerca del 20%, respectivamente. Además, esos indicadores no tuvieron momentos de esplendor durante los 90s. Hoy, esos números están en cerca del 7%, menos de 20% y menos de 10%, respectivamente y sin ser optimista.

Los abucheos del FMI, en este marco ¿qué significan? ¿La moción de censura qué cosa buena puede implicar atender al FMI? ¿Se trata de los números del Indec o de volver a intervenir la agenda del gobierno?

Los modelos de acumulación, vayan en el sentido que fueran sólo pueden resquebrajarse por lo más delgado: es decir, ya sea porque se afecta el poder político y/o económico de algún sector que se enfrenta con éxito al esquema macroeconómico (suele incluir un golpe de Estado) o a través de movilizaciones populares que afectan el rumbo de las principales variables. En el segundo sentido las variables sociales son claves para medir la vigencia de un modelo.

Los abucheos del FMI son una mosca al lado de los actores económicos locales enfrentados con el modelo de acumulación y/o la construcción política del gobierno (mayoría del sector rural, parte del sector exportador, parte del sector importador, sindicatos opositores, medios de comunicación concentrados; todos actores más fuertes que la misma oposición). Y sin embargo, estos actores no consiguen modificar el rumbo macroeconómico conducido por el Estado.

En conclusión, el FMI no tiene, mientras los sectores mencionados sean débiles frente a la construcción política del gobierno, capacidad de injerencia en la agenda política y económica del país. En este sentido la vigencia de la fortaleza política del gobierno nacional es fundamental para sostener un proyecto basado en en el empleo, el mercado interno, y el bienestar social.



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