lunes, febrero 20, 2017

Cortito y al pie. Siempre nos fue mejor vendiendo trabajo argentino



Quiero juntar tres cosas.

Estado, mercado y salario.

Espero poder ser claro, sintético y contundente.

Tres imágenes: una de proporción de rubros en el total de exportaciones. El mejor nivel de expo de MOI en 2013. La segunda de poder adquisitivo del salario, con mejora contínua hasta 2014. La tercera tiene que ver con la proporción de los servicios de deuda del Estado sobre el total de exportaciones (un indicador que podría servir para trabajar la dimensión de independencia fiscal o económica).

A la Argentina siempre le fue mejor cuando logró vender más y mejor trabajo argentino.

Cuanto mayor es el nivel de exportaciones de manufacturas industriales mejor es el salario de todos los argentinos.

Y ese mejor nivel de exportaciones y producción local requiere de un Estado activo e independiente para poder orientar la economía hacia allí. A su vez, requiere de encontrar puntos de tipo de cambio real que sean convenientes, en función al bienestar de los trabajadores y a la competitividad de las exportaciones. No es fácil, pero el exceso de deuda, que subió en 2016 un 10% del PBi no ayuda a esa búsqueda, sobre todo por cuanto la deuda no derrama en inversiones.

La Argentina requiere una estrategia de desarrollo con hincapié en la exportación de MOI. Esto es imposible sin un esquema de transferencia desde las actividades más rentables hacia la industria (por ejemplo retenciones, aunque se podría decir que puede haber esquemas mejores, con menos conflicto). Porque la Argentina para iniciar una etapa de desarrollo, sostenido, precisa sobre todo dos cosas: consenso (u orden hegemónico permanente que además cuide la democracia) e industria. ¿Cómo se logra? Primero que nada sin atajos, sin deuda excesiva, sin impuestos que generen deslealtad inmanejable sobre sectores económicos claves, con financiamiento orientado hacia la producción, con independencia económica del Estado, con objetivos distributivos, fiscales, industriales, monetarios, de ingresos.

No es fácil, pero debe por lo menos debatirse para poder avanzar.

Click en las imágenes para agrandar.




martes, febrero 14, 2017

Estado y mercado, por un Consenso de Argentina

El gran problema de la Argentina, con altísimo impacto en su desigualdad y en sus ciclos inestables es la vigencia permanente de un empate catastrófico.

En la Argentina conviven:
  • un campo con una fuerte ganancia por exportaciones, 
  • una industria que requiere dólares para crecer pero que es deficitaria en divisas, 
  • sindicatos históricamente fuertes y con capacidad de daño a todo el sistema productivo, 
  • sectores populares que sin la redistribución del ingreso desde el Estado, no alcanzan mínimos básicos de calidad de vida, 
  • un Estado que se hace más fuerte cuando crece la industria, 
  • sectores transnacionalizados, sobre todo en alimentos y energía, que apuntan más al mercado externo que al local, 
  • bancos extranjeros preocupados por mostrar negocios en sus casas matrices antes que en financiar la producción transable del país, 
  • un mercado interno que gana vigor cuando baja el desempleo, lo cual se relaciona con mejoras industriales,
  • gobiernos que no resuelven la tensión de largo plazo entre legitimidad social y defícit fiscal.
Todos estos actores viven en constante disputa, política (para imponer su interés) y estructural (según la disponibilidad de divisas).

Estos sectores están en un equilibrio catastrófico, tal como las enfermedades de Mr. Burns. Es un equilibrio débil que se rompe cíclicamente con cada restricción externa.



Se suele decir que el Estado se retira y desregula el mercado para que éste último asigne recursos de una manera eficiente. Pero toda la historia económica de la Argentina está signada por grandes beneficios otorgados para sectores concentrados cuando el Estado no interviene con medidas que buscan equidad social.
Como para muestra alcanza un botón, cabe recordar los momentos en que el Estado “desreguló la economía” tales como la época de la dictadura o los famosos noventas. Lo que puede verse es que en realidad esa “desregulación” teórica significó un marco de reglas, que en la práctica beneficiaron grandes grupos económicos, sectores de ganancias extraordinarias y empresas transnacionales (por ejemplo recordar la licuación de deudas que se dio con el seguro de cambio en la dictadura, que benefició, entre varios otros, al Grupo Macri, y las privatizaciones que durante la convertibilidad, le otorgaron ingentes beneficios, entre varios otros locales y extranjeros, -¡epa, de vuelta!- al Grupo Macri).
En este sentido, hay un factor determinante que se repite en la dictadura, en los noventas, y de manera incipiente en la actualidad: gobiernos que adoran la deuda, que toman deuda externa para el Estado promoviendo altas tasas de interés, que se sitúan por encima de las tasas internacionales, y de esta forma favorecen la institucionalización de la valorización financiera y la fuga de capitales. Lejos de una libertad económica que brinde salud a la economía, se trata de un libre mercado intoxicado por una deuda pública que apunta a destruir su tejido productivo en el contexto de la apreciación cambiaria (sostenida con deuda), apertura, y caída del mercado interno con el consecuente aumento del desempleo.

El Estado no debe retirarse, ni desregular, por el contrario, debe planificar. 
¿Cuál es el problema de fondo de la Argentina, más allá del modelo dominante?

La notable incapacidad para lograr una combinación de coerción y consenso de largo plazo entre todos los actores mencionados (y alguno que se me habrá escapado ahora). Esa combinación de coerción y consenso, que podríamos llamar hegemonía de largo plazo, es lo que lograron los países desarrollados del mundo. De esa forma, en base a diagnósticos realistas, lograron estabilidad macroeconómica, niveles crecientes de distribución del ingreso equiattivo pero cuidando de no presionar la inflación, se endeudaron en niveles que no ponían en juego la capacidad del Estado para sostener esa hegemonía.

Acá este tema se conoce bajo la idea de políticas de Estado. Que no las hay. No sólo deben buscarse para lograr un desarrollo, además deben ser políticas orientadas al desarrollo (tautológico pero crucial), y eso se logra con hegemonía de largo plazo distributiva, inversora, fiscal, monetaria, industrial y de asignación de recursos con un plan.

Nadie dice que fuera fácil. No lo logró ni el kirchnerismo (aunque coqueteó en varios momentos con políticas aceptables), ni lo está logrando Cambiemos (con un combo de deuda y dependencia que sabemos dónde termina). Es muy difícil, por eso no salimos de nuestras crisis cíclicas.




viernes, febrero 03, 2017

Predicciones revisitadas

A continuación les pego un post viejo (una selección), del 16 de diciembre de 2015.

El interés de este post está dado en que permite revisar en parte la capacidad de predecir de las ciencias sociales, expresadas a través de mis (no tan claro que sean muchos) conocimientos al respecto.

 

Impacto de una devaluación en la Argentina de 2015


Primero, me cubro un poco: está claro que la economía argentina no podía sostener este nivel de actividad y redistribución del ingreso (con altos salarios en dólares) sin endeudarse, porque el flujo de dólares no alcanzaba para sostener el nivel de importaciones que demanda un alto nivel de actividad (dada nuestra estructura productiva). Es verdad que el nivel de actividad no estaba creciendo mucho, sino que estaba amesetado (desde 2011), es verdad que con tan alto nivel de redistribución (jubilaciones cada vez más altas, AUH cada vez más altas, bajo desempleo, etc) el nivel de inversión e innovación baja considerablemente. Todas verdades que no alcanzan a justificar ninguna medida que destruya empleo, salario e ingresos. La justificación es política, y siempre se puede hacer otra cosa.

Todo tiene niveles, todo se negocia, como ya dijimos muchas veces, en economía todo tiene su frazada corta, y cómo se resuelva (quién queda tapado y quién no) es una decisión política, que se toma desde el Estado, en base a cierta realidad estructural, con mayor o menor éxito, hegemonía o consenso.

Dólar
Una devaluación implica un salto en el precio de la divisa, y una depreciación en la moneda local.  O sea, que se precisan más pesos para comprar un dólar. O bien, el Estado otorga más pesos por cada dólar.
Sacar el cepo, empuja a una devaluación, porque de hecho el cepo es un cerrojo para no devaluar y controlar el precio de la moneda, controlando precio por falta de cantidades. De hecho el problema de fondo del cepo es que se mantenia el precio del dólar que se le daba a los exportadores en el oficial (los importadores felices, salvo por el hecho que también se controló esa disponibilidad de divisas), sosteniendo cierta distribución del ingreso.

Precios
Los precios de productos que se vinculan con el exterior siguen el cambio en el precio del dólar en la misma proporción. Hay atenuantes o agravantes. Si no hay una demanda agregada interna sólida puede que el traspaso a precios (pass-through) de una devaluación sea menor, si la demanda es más fuerte va a tender a ser en el mismo nivel. Si hubiera retenciones móviles o si se instalaran nuevas retenciones este salto se puede moderar (porque quedan en otro escalón). La lógica es que los precios de los productos que se exportan van a tender a estar adentro al mismo precio final que se logran ubicar afuera (porque los bienes toman el precio de afuera, cosa que también debe vincularse con los saldos). Con las importaciones es más claro: lo que se compra afuera vale más en pesos, ergo ante un cambio en el precio en moneda local, aumentan. Los primeros precios en ser afectados son alimentos y energía, con mucha permeabilidad de los precios del exterior.

Nivel de actividad
Por lo dicho arriba, el nivel de actividad interna tiende a bajar en el corto plazo, dado que los precios son más altos al mismo nivel de ingresos (si la devaluación no le gana a precios, salarios e ingresos, su impacto dura mientras sí les gane). Es decir con precios locales reales más altos, se compran menos bienes y servicios, se reduce la demanda, se aplaca el consumo, se requiere menos trabajo, se reducen los ingresos totales, baja el consumo y se entra en un espiral vicioso. No es cierto que mejorar ganancias mejore el nivel de inversión, para que esto ocurra debe haber un mercado donde colocar la producción. Menor nivel de actividad resulta en menos impuestos, en una menor recaudación pública y en un ajuste desde el Estado. En el caso actual esto se profundizará porque la mirada del nuevo gobierno de Macri apunta a reducir el déficit público.  


Balance de pagos. Cuenta corriente. Cuenta capital
Una devaluación, por lo dicho en los puntos anteriores, genera una caída en la actividad, frío económico, de distinto nivel según su dimensión. Ello reduce la cantidad de importaciones que precisa la economía para sostenerse, porque un menor nivel de actividad exige menos importaciones, tanto de productos finales como de bienes intermedios o de capital. Eso mejora el saldo de cuenta corriente. Cabe destacar que cuando un prestamista multilateral presta divisas se fija en estas cosas: si el país destino genera divisas para devolver los préstamos o no. Por eso en el último tiempo se sugería usar los créditos para invesiones de infraestructura que a su vez mejoren la competitividad de la economía por una reducción en los costos. Con lo cual se dice que conviene orientar el crédito a inversiones que generen su propia capacidad de repago.

Tasas
Frente a una devaluación, para evitar que haya corridas las tasas tienden a aumentar posicionándose en valores similares a los de la devaluación. Esto encarece el precio del dinero y enfría la economía. Los individuos entonces no siguen yendo al dólar porque el peso "paga" lo mismo que la devaluación esperada. Como estamos viendo, hay un efecto dominó importante, que tiende a enfriar la economía, desde distintos frentes en simultáneo.
 
Mercado interno
Se reduce como consecuencia de la menor actividad económica. Además se reorienta el tipo de consumo, se pierde proporción de los alimentos en el agregado general. Esto tiende a una mayor eficiencia privada, y las inversiones son más sofisticadas, con un nuevo lugar a la tecnología y la innovación. Esto último, la eficiencia, está entre las pocas cosas positivas de todo este entramado (que es consecuencia de otras cosas negativas).

Mercado externo
Tal como ocurrió en Brasil, el mercado externo sigue pagando lo mismo en dólares, y sigue demandando las mismas cantidades, o menos. La idea es que bajando precios en dólares, ya que muchos precios tienen gran parte de sus costos en pesos, se puede acceder a nuevos mercados. Esto no se está verificando en el caso de Brasil, y se supone que es difícil para la Argentina. En principio se mejoran ganancias de exportadores pero no cantidades exportadas.

Gasto público y recaudación
El Estado sufre una merma en su recaudación como consecuencia de la menor actividad. Sin embargo, corrige su nivel de reservas, ya que este tipo de movimientos económicos además de reducir importaciones, se suelen completar con nuevas olas de crédito externo. Si esto no se controla correctamente, y se genera una desregulación en shock, liberando los resortes del Estado, por la experiencia, historia y cultura de los actores de poder locales, se puede esperar en el mediano o largo plazo un nuevo ciclo de valorización financiera, que genera entrada de capitales golondrina que lastiman más todo el sistema hasta el punto de llevar a implosiones (confrontar diciembre de 2001).


Conflictividad social
Frente a todo este combo, que incluye menor poder adquisitivo del salario, menor capacidad de compra de jubilaciones y derechos como la AUH, que reduce el mercado interno, cabe esperar que el empleo, todavía fuerte, y los trabajadores aún bien organizados, van a movilizarse, exigiendo a las empresas empatar lo perdido, esto se va a moderar a medida que se pierda empleo, que suba el desempleo y los sindicatos deban negociar con menos poder.
En el mismo sentido, a medida que se desregula la economía, se abren importaciones, se desprotege la industria, se descuidan las PyMEs, se olvidan las cooperativas, y se deja de lado una mirada planificada del desarrollo, los trabajadores empiezan un ciclo de reducción del salario real que no se sabe cuándo termina.

La inflación, entonces, es política, y tiene que ver con decisiones que redistribuyen el ingreso.

Veremos cómo seguimos. 

Hasta acá el post viejo.

¿Qué autocrítica le puedo hacer? Algo que deslicé cuando hablé de valorización financiera, pero que no desarrollé (era confuso y además admito que era difícil de predecir, cosa que sí comenté después): el sistema de todo este entramado se completa con apreciación de la moneda doméstica.

¿Esto es grave? Sí, mucho por varias razones. Algunas de ellas tienen que ver con que este fenómeno responde a que aumenta la deuda externa, y el peso se aprecia por razones no productivas, sino financieras. ¿Cuál es la gravedad? Que nada que no resulte de la producción del país es gratis. Mientras se hace un enroque de deuda interna por externa y se bajan impuestos se crea una bola de nieve de deuda-fuga-apreciación-desregulación-deuda-condicionamientos-achicamiento del Estado-pauperización social-crisis. Esto significa que toda vez que la deuda deberá pagarse en algún momento, si esa deuda promueve una menor actividad productiva y contributiva de la sociedad, llegado un punto se ahoga y se ahorca a la población más vulnerable y con menos aire o con el agua más alta. La deuda sana es la que mejora la capacidad productiva y contributiva de la sociedad del Estado. La tóxica es la que achica y desarma el sistema productivo.

Los niveles de deuda externa pública crecieron de una manera muy acelerada, a fines de 2016, y respecto de fines de 2015, los bonos y títulos públicos subieron en montos cerca de 60%. Esto ha llevado a una deuda externa pública en moneda extranjeras de alrededor de 44% del PBI, siendo la mitad de ella con acreedores privados, aproximadamente.

Esto hay que mirarlo de cerca, el núcleo del modelo actual pasa por una deuda tóxica que no se usa en inversión productiva.

Entre 2003 y 2014 nos habíamos olvidado del flagelo de la deuda. Para la Argantina esto significa una década ganada. Más allá de los problemas mencionados más arriba en relación a los cuellos de la restricción externa.

Ahora vuelve a ser el tema central que lastima la economía de la Argentina. No sólo por el problema de su pago futuro, además porque esta misma deuda suele condicionar el rol del Estado para fomentar la producción, profundizando la debilidad de repago. 

Algunos gráficos: el balance de pagos base caja del BCRA (las divisas que salen y entran del país), los componentes de la demanda agregada, que van a mostrar un paulatino deterioro, si se sigue la actual tendencia, especialmente en lo que hace a consumo e inversión. Y un gráfico que muestra que el tipo de cambio está lejos de ser competitivo, lo que sumado al escenario de conjunto no ayuda a predecir la sustentabilidad de mediano plazo.

De no cambiar nada, es posible que antes de 2019 estemos volviendo al FMI y privatizando cajas y empresas fundamentales del Estado por su tamaño y por su apoyo a la fortaleza del Estado para ejercer soberanía política y planificación económica.









martes, enero 31, 2017

El año 2016 en un pantallazo

Click en imagen para agrandar.

A este gráfico le podemos llamar "exitosa salida del cepo, haciendo un país mejor para todos".





Las cosas de la gente se perjudican, las cosas de los sectores concentrados mejoran. Esto es el modelo, resumido en un gráfico.


jueves, enero 26, 2017

La carrera entre salarios e inflación a diciembre de 2016

A continuación muestro un gráfico que muestra la carrera entre salarios e inflación. Cortito y al pie para respetar el verano (?).

Se puede ver que en 2014 se perdió un poco y en 2015 se recuperó un poco, pero siempre más o menos parejo. Dentro de un lapso muy complejo, y recordando que hasta 2011 el salario había ganado bastante.

Se usó la inflación de CABA que es alta, en relación a la del total país. Los salarios en cambio es el universo registrado promedio.

El salto se da en 2016.

Gráfico: carrera entre precios y salarios.


Esto ocurre en este contexto de variaciones interanuales. En 2014 se pierde bastante, se recupera en 2015 empatando, finito, con 2013, y se vueleve a perder fuerte en 2016.

Si se toman los promedios de inflación (CABA) y nivel salarial (SIPA), entre 2016 y 2015 la pérdida fue de alrededor de 8,5%. Según estos promedios en 2015 la mejora fue de 5%, y en 2014, siempre tomando los promedios, se pierde un 7,5%. Entonces, más allá de los niveles al final del año, la lectura de los promedios, en estas variables indicaría una pérdida en 2014 que no fue recuperada en 2015.

También se podría suponer que ese 8,5% perdido en 2016 debería ser sumado a la inflación esperada en 2017 para recomponer salario. Así, si la inflación esperada es 25% para 2017, las paritarias promedio deberían apuntar a 33,5%. Más allá de que cada sector tiene sus propias particularidades, beneficios y problemas.

 Gráfico: variación interanual percios y salarios.



A continuación se puede ver que las ramas que más empleo crearon entre 2dos trimestres (2015 y 2016), son de servicios y comercio, mientras que las que más expulsaron son de fábricas, de industrias, mayormente.

Cuadro: ramas que más empleo toman y más expulsan.


¿Cuál es la relación entre ambas cosas? Los sindicatos más fuertes suelen ser los industriales, que son los que mayor participación tienen en el total de negociaciones colectivas que se efectuan en la Argentina. Estos empiezan a perder.

Está todo relacionado, la reconversión productiva en curso, se vincula con un sistema de endeudamiento y fuga que, con apertura comercial y apreciación cambiaria, genera un saldo de cuenta corriente negativo (salen más divisas por comercio y distribución de utiludades, que las que entran). Este elemento indica que no sólo se deteriora el trabajo en función de los gráficos que muestro acá, además hipoteca el futuro por cuanto no se sabe cómo se va a pagar la nueva deuda en el futuro si no hay un plan de generación de divisas dentro de la economía productiva, que alcance.


viernes, enero 20, 2017

Emisión, tipo de cambio e inflación. Caso Argentina

A continuación se muestra unos gráficos que buscan demostrar que la importancia de la emisión sobre la inflación está sobrevalorada y equivocada por la ortodoxia convencional. Ortodoxia que supone que la emisión es determinante respecto de la monocausalidad que va de la emisión a precios.

Estas variaciones interanuales no verifican esa hipótesis. No se niega la importancia de la existencia de oferta de dinero para validar el ambiente inflacionario, sí se niega que haya una determinación de precios basada en la emisión.

En todo caso, cabe mirar otras hipótesis menos amigas del mainstream. A saber: que la emisión sí  responde al nivel de precios, la actividad, y la velocidad de las transacciones que existen en la economía. De este modo, podría haber una causalidad inversa, pero tampoco sería del todo apropiado. Lo que es apropiado es hablar de correlación, no de causalidad, sin tomar en cuenta otras variables y cada momento histórico.

La inflación responde a múltiples factores. En estos gráficos sólo se busca desacreditar la tesis que postula que la emisión genera inflación sin contemplar otras razones.

A modo de síntesis: me gusta entender la inflación como indicador de ausencia de consenso distributivo. Por eso se puede hablar de la importancia de la política en el estudio de la inflación: cuando hay una hegemonía inalterable que reparte cantidades de la economía sin que haya focos que pongan en juego esta distribución la inflación tiende a cero. Ahora bien, cuando no hay consenso (o hegemonía) distributiva lo que ocurre es un proceso inflacionario en la medida que haya cambios en el poder de los actores en disputa.

En esta discusión hay un factor más, la sustentabilidad económica que acompaña la organización de fuerzas políticas de los actores en la disputa distributiva.

Paso a explicar los gráficos (click para agrandarlos):

La línea que falta en este gráfico es la de crecimiento, eso explicaría la brecha entre la línea azul (emisión) y la inflación. Este gráfico es de base 100 en enero de 2003. Eso quiere decir que la emisión fue de aproximadamente 2300% entre 2003 y noviembre de 2016 (último dato), o sea se multiplicó por 24, la inflación se multiplicó por 11 y el tipo de cambio se multiplicó por casi 5. El PBI real se multiplicó por algo así como 1,7 (el PBI nominal se multiplicó por casi 8,5).


En este otro gráfico se muestran las variaciones interanuales en cada mes. 
Así, se puede ver que existe una relación entre las tres variables, y por tanto los precios ya no dependen sólo de la emisión. En este gráfico se ve que el tipo de cambio es un factor más determinante para el comportamiento de los precios que la emisión, vinculada ésta por su parte con procesos de crecimiento del PBI. 

A efectos de proyectar, cabe pensar que durante 2017 la línea verde cruzará nuevamente a la azul, y apuntará a promover algo la actividad, sin que se sepa cuánto se logrará ese objetivo.


Seguidamente se quitaron un par de líneas del gráfico para poder analizarlo mejor. No se vislumbra una relación directa entre emisión y precios (aisladas de otras variables, tal como postula la ortodoxia).


En este último gráfico se cae la idea de lag entre emisión e inflación. La inflación responde directamente (aunque no únicamente, como se puede ver en 2009) a la variación de los precios externos en moneda local (a la devaluación del tipo de cambio). La emisión puede apagar el fuego de los precios porque quita el aire al ambiente, pero la generación de aire no crea fuego.

Es verdad que hay otras herramientas en juego como anclas tarifarias que aportan a las disputas distributivas. Pero lo que se quiere mostrar acá es que la idea de poner a jugar sólo las variables emisión e inflación es equivocada. Deben jugar más variables. Y esto tira por tierra las teorías monetaristas.





lunes, enero 16, 2017

Un diagnóstico de lo que dejó 2016 y lo que se viene para 2017. El futuro desde una miarda sobre los impuestos...



Originalmente publicado en Política Argentina.
 
Breve lectura de la relación entre impuestos y otras variables de la economía


"Los entusiastas de las rebajas tributarias tienen una curiosa trayectoria: se han equivocado en todo, año tras año"
(Paul Krugman)

El desempleo baja cuando mejora la actividad productiva. Hasta acá casi nadie discute ese postulado. El problema es que existen varios diagnósticos sobre cómo conviene mejorar la actividad. Dentro de esos diagnósticos, a su vez, suele haber varias definiciones. La ortodoxia considera que si se toman medidas a favor de la oferta, a favor de las ganancias de los inversores, estos inversores van a acrecentar la formación de capital subiendo las inversiones. La heterodoxia por otro lado, dice que las inversiones sólo pueden subir si se mejora la demanda agregada.

Son visiones irreconciliables. Y las dos adolecen, así planteadas, de distintos problemas. En el caso de la visión ortodoxa convencional, no hay evidencias empíricas en la Argentina que indiquen que una mejora en sus ganancias, por una reducción de impuestos -entre los que caben considerar los aportes patronales por la contratación de trabajo (formal registrado)-, sean un elemento determinante de mejoras en las inversiones, y por tanto en el nivel de actividad. Sí, existen algunas evidencias de lo contrario, cosa que se vincula con la importancia de la distribución del ingreso en nuestro país.

En efecto, un informe del ex viceministro de Economía, Alvárez Agis, citado por Marcelo Zlotogwiazda, recuerda que “entre 1990 y 2002 la suma de los aportes y contribuciones cayó del 49 al 34%, pero el desempleo entre esos mismos años creció del 7,5% al 17,4%; al contrario, a pesar del aumento del 37% al 41% en la suma de aportes y contribuciones que tuvo lugar en 2008, el desempleo mantuvo la tendencia descendente que tenía”.

En el caso de la otra mirada que postula el aumento de la demanda agregada desde el Estado, también existe una limitación: el Estado no puede realizar una expansión fiscal basada en aumento de impuestos (con hincapié en los progresivos) sin tener en cuenta que el sector privado se va a resistir a perder ganancias relativas, resultando en aumentos de precios para recuperar esas ganancias. Si los precios se pasan, respecto de los ingresos, lo que ocurre es una recesión.

En este orden de cosas, las dos miradas contienen problemas. En un horizonte extremo, si las ganancias empresarias podrían multiplicarse varias veces gracias a las reducciones impositivas, es muy posible que aumenten las inversiones, y la ortodoxia sería viable, de igual modo, si la demanda pudiera multiplicarse en cantidades varias veces gracias a la acción del Estado, también es factible que la respuesta sea en inversiones para atender esa demanda. Siempre hay quienes quieren ganar más y quienes quieren vender más, como camino para ganar más, acá y en cualquier parte del mundo.

¿Por qué no hay claridad sobre estos temas entonces? Por lo grados y los grises inherentes a la cuestión. En la Argentina las ganancias relativas de varios sectores empresarios superan a las de resto del mundo: el campo agropecuario exportador, la inversión financiera, el supermercadismo, las empresas de servicios con usuarios cautivos (multinacionales en general), las mineras.

Es en estos grises que nos encontramos con que la Argentina tiene mayor margen para corregir la demanda vía expansión fiscal que para mejorar ganancias vía exenciones impositivas. Pero el problema para ponernos de acuerdo, en tanto pacto social distributivo y productivo, radica en que como la discusión es de grises, todos los jugadores relevantes aprovechan a simular que son daltónicos.

Entonces la corrección del sistema sólo se puede realizar desde un Estado que esté capacitado para escuchar las necesidades de los sectores pero no para creer ciegamente sus postulados.

Durante 2016, ganaron los sectores que el gobierno quería que ganen, las energéticas, las multinacionales, los sectores exportadores del campo, los bancos extranjeros que disfrutaron de un país que colocó deuda en el orden de casi el 10% de su PBI, los buitres que cobraron más de lo que pedían, la estrategia geopolítica de Estados Unidos en Latinoamérica fue carne con la política internacional del gobierno. Ganaron todos los que querían ganar antes de asumir. "Exitosa salida del cepo". El Estado fue un árbitro parcial en esta disputa, permitiendo varias mejoras en sectores claves (Shell mejoró su market share, quitaron retenciones al campo, se le perdonaron deudas a las energéticas, se le dieron créditos a gasíferas y empresas de luz, las automotrices fueron más libres de armar su estrategia regional sin el hincapié que antes se les exigía en la producción local, las empresas de medios no tuvieron más presiones para salir de posiciones de dominio oligopólico o monopólico, los buitres recibieron incluso más de lo que pedían, los bancos siguen ganando gracias a ingentes colocaciones de deuda y desregulaciones de ese mercado).

Ahora habrá que transitar la herencia de este año 2016 con ese nuevo dominio estelar de dichos jugadores. Lo que sigue será mucho más difícil porque ya no está el colchón de la herencia social del kirchnerismo, con indicadores aceptables en relación a lo que señala la historia argentina. Es verdad que también se resolvió parte de la herencia mala del kircherismo  (la restricción externa), pero se resolvió con un panorama de expulsión del bienestar social que puede agrandarse, porque la reconversión productiva contra la industria y a favor de sectores que no impulsan la actividad (gran parte de los mencionados) se va a sentir cada vez más (salvo que haya cambios de política económica).

¿A qué se le llama ajuste? Esto requiere una definición categórica. Ajustar, que suena a sanidad fiscal y monetaria, en realidad suele ser una transferencia de ingresos desde los sectores populares a los concentrados de la economía. Dentro de los sectores concentrados suele haber a su vez sectores que mandan y ganadores-pero- no-tanto. En este caso puntual, durante la gestión Prat-Gay ganaron los bancos extranjeros colocadores de deuda, las multinacionales de la energía (con perdones de deudas, tarifas crecientemente desreguladas, créditos, o con beneficios de market-share), otras multinacionales y el agro exportador.

A continuación un pequeño punteo para terminar de cerrar este pequeño diagnóstico.

1. Cuando mejora el empleo es natural que mejore la proporción de los aportes a la seguridad social sobre el total de los ingresos del Estado, pretender divorciar el crecimiento de los impuestos, y del sistema solidario de reparto es un error que se vivió fuertemente con las AFJP. Desde 1994 (cuando se implanta el sistema de capitalización individual) en adelante hay una caída de la participación de los ingresos de la seguridad social, que acompañan una Argentina que se reconvierte hacia los sectores no transables en el mercado interno. Por otro lado a partir de 2007 se denota una recuperación de la proporción de las contribuciones a la seguridad social en el universo de los ingresos del Estado nacional. Esto ocurre en un marco de crecimiento y luego de haber dejado sin efecto la ley de flexibilización laboral de De La Rúa.

2. El gasto público consolidado muestra en 2008 niveles similares y superiores a los de 2001 (fuente FMI). A partir de ese año fue creciendo sin detenerse hasta 2015. Si bien la inversión privada no crece en la misma proporción que el gasto público, sí es cierto que la cantidad de empresas crece de manera ininterrumpida entre 2003 y 2011. Luego entre 2011 (pico máximo) y 2015 la cantidad de empresas se mantuvo estable.

3. El empleo público no expulsa empleo privado, si se miran las series de empleo público y privado, recién en 2016 hay una merma en el privado, explicada por otras variables. El empleo industrial es dinamizador de todo el empleo. Cuando mejora la industria mejoran también los demás sectores. Esto se debe a encadenamientos y a bienes difundidos de la economía. Cuando mejora el empleo industrial, suelen mejorar los salarios reales, con sueldos que le ganan a la inflación. Esto se debe a que la mejora del empleo industrial es el elemento que más fortalece el poder de negociación de los sindicatos. Entre los años 2003 y 2015, la inflación le ganó a los ingresos registrados sólo en 2003, en diciembre de 2004 y en 2014. En el año 2016 de la administración Macri, los ingresos subieron menos que la inflación. Siendo peor esta brecha para los estratos de peores ingresos.

4. Hay una relación directa insoslayable, aunque difícil de cuantificar por sí misma, entre la mejora del empleo industrial y la reducción del desempleo.






5. La caída del consumo durante 2016 fue mayor a la caída durante 2014. Sin dejar de tener en cuenta que las caídas de 2014 parecían formar parte de una estrategia defensiva ante la pérdida de gobernabilidad creciente de ciertos actores fuertes en el sector externo de la Argentina.

6. La brecha de ingresos también mostró mejoras en los períodos de intervención del Estado. La diferencia entre el decil 10 y el 1, en el tercer trimestre de 2016 ha vuelto a niveles de 2010, luego de tocar su mejor momento, en equidad, en 2015. A su vez el Indec actual ha medido 32,2% de pobreza en junio de 2016, y usando esa misma metodología consideró una pobreza de 42% en 2006. La mejora está reconocida por el gobierno actual.

7. A su vez la deuda tuvo menor peso en las cuentas públicas durante la época del desendeudamiento iniciado con los canjes en 2005, el pago al FMI y profundizado con el canje en 2010, esto favoreció un ciclo virtuoso donde mayor porción del gasto público se podía dedicar a gasto social o de capital en vez de atender intereses de la deuda. Es cierto que desde 2012 no tuvo tanto sentido el desendeudamiento en términos teóricos, sin que haya evidencias de haberse podido evitar en el terreno práctico, producto de disputas políticas y geopolíticas. Durante 2016 este tema vuelve a ser gravísimo. La deuda creció un 10% del PBI aproximadamente, y la deuda pública externa creció casi un 55% sobre sí misma en relación a su volumen en 2015.

En síntesis, para lograr un cambio a favor de los trabajadores durante 2017, el gobierno debería asociar consumo a actividad interna (el Procrear hasta 2015 es ejemplo), por el contrario, todo ajuste, en el sentido descripto, sólo puede causar más ajuste como ya se ha visto este año. Los ciclos suelen tener varias cuestiones procíclicas, de manera tal que cuando hay recesión (como ahora), que acumula 2,4% de caída al tercer trimestre de 2016, baja la recaudación, baja el consumo, baja el gasto público y baja la inversión. Mientras que en épocas de auge todo sube. No se trata de apuntar a la demanda desconociendo las porciones mínimas de ganancia (mark-up) o de apuntar a las ganancias olvidando que si no hay ventas no se produce. No se trata de tomar ninguna medida aislada, sino de planificar la integralidad de las medidas para fomentar el crecimiento, con desarrollo e inclusión, en base a la promoción de sectores específicos y estratégicos de la economía. En cualquier caso, un país se construye con plan. Con una idea de a dónde se quiere llegar, y eso se hace enfrentando intereses. El problema del gobierno del ingeniero Macri es que es “fuerte con los débiles y débil con los poderosos”. No tiene un plan de desarrollo.