lunes, abril 14, 2014

La era de los condicionamientos 2013-2015

Me hice unos mates y voy a tratar de meter un comentario rápido sobre el asunto de referencia, o sea, el título del post. Vinculado un poco con esto, eso y aquello.

En estos 20 meses que quedan hasta diciembre de 2015 van a ocurrir nuevas configuraciones en el poder económico y político de la Argentina. La pregunta es ¿cuán nuevas van a ser? ¿Cuánto de cambio y cuánto de continuidad habrá después de 2015?

Está muy claro que en esta mirada hay una serie de fechas más o menos claves: a) de acá a junio, habrá que ver cuántos dólares entran, por exportaciones de granos; b) de julio a noviembre, se deberá observar si la inflación nos pone de vuelta en enero de este año o no pasa de mayo de 2013 (en relación al tipo de cambio real, cosa que incluye muchas variables, como la opción renovada de crédito externo a tasas razonables); c) diciembre es un mes para contener políticamente hablando; d) enero 2015 es el primer mes de un año electoral presidencial; e) en marzo 2015 empieza el año legislativo y las primeras paritarias, con algún paro general probable y las demandas conocidas; y f) de abril a octubre 2015, si la macro está ordenada, tendremos un año muy politizado entre PASO y generales.

Con este escenario, descrito sucintamente, distintos actores buscarán condicionar a los posibles candidatos, y a sus políticas.

Es decir, desde el kirchnerismo se buscará condicionar a los candidatos kirchneristas para que luego de 2015 siga vigente el actual modelo, más o menos (el período 2011-2013, no es igual a 2013-2015). Lo cual implica una estrategia bastante fina dada porque en el recambio no emerge ningún candidato netamente cristinista, aunque no es lo mismo Uribarri, Aníbal, Randazzo o Scioli. En todos los casos la estrategia lo incluye a Scioli, quien hoy parece el mejor parado, por eso las PASO tendrán un rol relevante. De este modo, condicionar el futuro no sólo requiere una posición basada en apoyos políticos o disputas, sino también en una macro que, de llegar ordenada a diciembre de 2015, es una piedra fundamental para el futuro: si está bien la situación, estable, no habría necesidad de tanto cambio (cosa que condiciona al próximo gobierno y también al electorado). Por lo cual, existirá alguna tenaza que incorpore la macro por un lado y el apoyo político por otro: para que el candidato que llegue por el PJ/FpV sea kirchnerista deberá llegar apoyado por el gobierno actual, como propia condición de factibilidad para que el futuro no cambie tanto respecto del presente. Los sectores que menos quieren este escenario son los más enfrentados al gobierno kirchnerista. Estos sectores, podrían eventualmente, buscar condicionar al candidato del PJ para que cambie el modelo actual, disputando apoyos con el kirchnerismo, pero no es tan sencillo y todavía habrá que ver cómo sigue.

En el caso del FR los condicionamientos tienen una particularidad especial: los condicionamientos parecen ir más desde los sectores interesados en el cambio, para que el candidato del FR entienda lo que debe hacer si gana. Se enrolan aquí -ante la chance real del candidato- los sectores más interesados en un cambio diametral: los sectores rurales, parte de la clase media y alta acomodada, gran parte de las multis, los medios concentrados de comunicación, y parte de la gran industria vinculada a los grupos económicos históricos de la Argentina, con ganancias dolarizadas. En este caso, parece más sencillo lograrlo -condicionarlo- aunque menos sencillo ganar en 2015.

El resto de los candidatos con mejores posibilidades (Macri, Binner, Cobos, Carrió, ponele) van a transitar situaciones similares a las que vive el FR, pero cada uno con su impronta, y con mayor debilidad de apoyos contrarios al gobierno a medida que las posibilidades sean menores.

En este complejo mapa de apoyos y condicionamientos, los sindicatos también tienen un rol clave. Después de una década de paritarias, con mejoras en los salarios reales y en las cantidades de afiliados, en la que el desempleo bajo fue la base de su poder de negociación, podría pensarse que apoyarán cualquier expresión de continuidad, pero en un marco de mucha disputa política, lamentablemente no resulta directa esta lectura.

Cuando uno mira este tipo de escenarios pre-electorales cabe separarlo en dos patas vinculadas entre sí: por un lado el clima político de apoyos de la dirigencia política y el poder económico, por otro lado el apoyo de la opinión pública que puede traducirse en votos. Mientras venía escribiendo el post iba teniendo en cuenta esto.

Queda una cuestión más a revisar, siempre recordando que este post es una introducción al tema, que tiene que ver con los condicionamientos que podría lograr el actual gobierno sobre un gobierno de otro color político. En este sentido la macro emerge como fundamental: si hay orden, nadie querrá ser el sujeto del desorden. Ese mismo orden puede servirle de trampolín al siguiente gobierno para lograr su gobernabilidad, lo cual complejiza la cosa ya que a nadie le gusta hacerle favores a los siguientes gobiernos, pero que sería un signo de madurez democrática.

Espero que se entienda la idea. Vayamos viendo.

jueves, abril 10, 2014

Empleo registrado y desempleo en la Argentina actual

En el siguiente gráfico se muestra el empleo registrado de algunas ramas de actividad, y el desempleo total.

En el mismo sentido de lo que decíamos antes, el objetivo de este post es acercarnos a la importancia del bajo desempleo, en conjunto con el aumento del empleo, para la fortaleza de los trabajadores (el empleo es una variable más a tomar porque si ningún desempleado busca empleo podría bajar el desempleo sin que esto tuviera el efecto explicado aquí).

Esta fortaleza se profundiza si los trabajadores se organizan con la mayor unidad posible. Al bajar el desempleo se hace más fuerte el empleo, y disminuye la capacidad de disciplinamiento sobre el trabajo de parte de los sectores patronales. La fortaleza no sólo tiene que ver con la cantidad de empleos, sino también con el poder adquisitivo del salario, con la calidad de los empleos, y con la sustentabilidad en el tiempo.

En este marco el Estado cumple un rol central. La Argentina lo vivió durante la oscuridad que va desde 1976 hasta 2003. Un Estado que genera políticas para fortalecer la producción nacional, la inversión (lo que implica rentabilidad -gracias también al mercado interno- productividad y competitividad), los ingresos de los trabajadores y los ingresos de toda la población en general, se pone al frente de consolidar la fortaleza del trabajo. Esto, como dijimos en varios post anteriores, en la Argentina, a su vez, genera innumerables tensiones, que hoy figuran en todos los debates económicos por su visibilidad.

Creo que este gráfico debe estar en algún folio de cualquier agenda que busque transformar las instituciones vigentes para defender a los trabajadores.

Click para agrandar.





martes, abril 08, 2014

El desarrollo no es función del equilibrio, para mí ¿eh?

Ferrer el otro día en P12 decía, entre otras cosas, que:

No hay nada genético, en el ADN del EA (empresariado argentino), cuando privilegia la especulación sobre la producción o cede el protagonismo a las filiales de empresas extranjeras, en vez de asumir el liderazgo de la industrialización. Si se trasplantaran al país los empresarios más innovadores del mundo en desarrollo, por ejemplo, los coreanos, al poco tiempo tendrían el mismo comportamiento que los argentinos.
El Estado tiene la responsabilidad fundamental de crear los espacios de rentabilidad y el contexto que orienta a la iniciativa privada al proceso de transformación. El EA es, en definitiva, una construcción política.
¿Cuáles son, entonces, las condiciones necesarias para que el EA despliegue su protagonismo...?
- Eficacia de las políticas públicas. Es indispensable contar con superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, sólidas reservas internacionales y niveles de deuda pagables con recursos propios. De fronteras para dentro, es preciso el superávit primario en el presupuesto y financiar el gasto público sin apelar al Banco Central, cuando existen condiciones de pleno empleo. 
Debe rechazarse la postura resignada frente a la inercia de la estructura productiva desequilibrada. Suponer, por ejemplo, que, en el complejo electrónico, la actividad local posible se reduce al ensamblaje de componentes importados. O, asimismo, en el sector automotor, que lo más que puede lograrse es producir autopartes de menor contenido de tecnología. Es imposible cerrar el déficit en autopartes sin un profundo proceso innovador y, éste, sin la presencia de una empresa automotriz integrada nacional...
- Argentinización de la economía nacional. Es inconcebible la formación de una economía industrial integrada y abierta, con el grado de extranjerización actual de la estructura productiva del país. De las 500 empresas no financieras del país, dos tercios son filiales de corporaciones transnacionales y generan más del 80 por ciento del valor agregado de la muestra. Es difícil avanzar hacia la frontera tecnológica, en un sistema hegemónico de filiales, en el cual la actividad local no incluye la innovación de frontera. No se construye el EA con filiales. En todos los países exitosos, el protagonismo de la transformación descansa en el Estado y las empresas nacionales. El Estado crea las condiciones necesarias para la inclusión social, el desarrollo científico tecnológico y la apertura de espacios de rentabilidad que movilicen la capacidad de innovación y creación de riqueza de las empresas nacionales.
En este escenario, la presencia de filiales de corporaciones transnacionales puede contribuir a la participación en los segmentos tecnológicos avanzados de las cadenas transnacionales de valor y el acceso a los mercados internacionales. Precisamente, esto último es el problema con las filiales en la Argentina y en América latina. Aquí están orientadas a producir para el mercado interno e insertarse en los segmentos secundarios, tecnológicos y de valor agregado, en las cadenas transnacionales de valor. El consecuente déficit de las operaciones internacionales de las filiales es un importante componente de la restricción externa.
- Conclusiones. El Estado tiene una responsabilidad fundamental en la construcción de un EA transformador. Las políticas públicas configuran los espacios de rentabilidad que atraen la inversión, incentivan el cambio técnico y determinan la asignación de los recursos. Si el Estado ejecuta una política neoliberal, se acrecienta la especulación, consolida la estructura preindustrial y, por lo tanto, esteriliza el potencial transformador del EA.
Golpes posibles de mercado y pescadores en río revuelto son datos de la realidad, aquí y en todas partes. Lo importante es evitar que el río esté revuelto. Es indispensable la precisión en el diagnóstico de la causa de los problemas para evitar confrontaciones innecesarias entre las esferas pública y privada.
La transformación debe proponerse la redistribución progresiva de la riqueza y el ingreso y, al mismo tiempo, atender a las condiciones del desarrollo en una economía de mercado. Es inconcebible la justicia social en el marco del subdesarrollo y la pobreza. Cuando prevalecen desequilibrios macroeconómicos y ausencia de crecimiento, las tensiones distributivas agudizan el conflicto social y pueden culminar en el retorno de las políticas neoliberales.

Me pareció interesante recortar esta nota. Deja mucha tela para cortar. Mucho para pensar, porque dice un montón de cosas centrales para el debate del desarrollo. Se me ocurren, rápidamente, las siguientes cuestiones:


  • No hay dudas de que un Estado con superávit primario y saldo positivo de cuenta corriente es más solvente y fuerte. Pero qué pasa cuando la cosa no está tan bien, ¿no conviene bancarse un tiempo la mala para ver qué pasa (llámenle planificación o como quieran)? ¿En qué lugar queda en esta lógica el rol del Estado, ya no en la distribución del ingreso, sino en la mejora de la calidad de vida de los sectores que sienten la urgencia? 
  • Es decir, se le otorga mucho énfasis a los equilibrios. O sea, hay que desarrollarse con lo que hay, a-la-Brasil (esperando que todo suba parejito), porque si se adelantan variables (por ejemplo el consumo de los sectores postergados) se atenta contra esos mismos equilibrios que emergen como necesarios. ¿El Estado debe sólo redistribuir lo que hay -superávits gemelos mediante- o se puede redistribuir más de lo que hay, para adelantar consumo, y así promover que la estructura productiva se adapte a ese piso de mercado interno, que genera mayor rentabilidad en conjunto con mejoras sociales? ¿Si las mejoras sociales fuertes van contra la competitividad de largo, hay que morigerarlas, cómo es? Sí, siempre con signos de interrogación. Son preguntas. 
  • ¿Son los empresarios argentinos, tal como dicen en muchos ambientes propios y ajenos, iguales en todas partes del mundo, y se ajustan a las condiciones macro? ¿O esas mismas condiciones macro, de disputa histórica entre quienes tienen los dólares, quienes quieren los dólares para inversión industrial, y los que quieren mejores salarios para mejorar su calidad de vida, hace que todos estos sectores busquen mayor ventaja que la objetivamente posible porque sienten que perdieron de más antes o se les viene la noche después
  • Acaso ¿el endeudamiento público bien dirigido por políticas inclusivas no puede tener la función de conducir el comportamiento de quienes tienen los dólares al ver que hay una entrada de dólares alternativa que ayuda a mantener su precio? ¿Pueden los organismos internacionales de crédito prestar para otra cosa que no sea la remisión de utilidades de las multis?

Todo esto y mucho más se puede empezar a debatir a partir de la interesante nota de Ferrer. Creo que la democracia sostenida en el tiempo, nos permite profundizar debates que antes eran cortados de cuajo. Aprovechemos.


Postdata: esta locomotora se hizo en el país (Córdoba) después de 4 décadas en las que no hicimos locomotoras...



viernes, abril 04, 2014

La importancia del bajo desempleo en las mejoras laborales y sociales

La idea no es novedosa, cuanto más bajo sea el desempleo mejor pago va a estar el empleo. Y si el Estado ayuda a la organización de los trabajadores, mucho mejor aún. No sólo para los trabajadores sindicalizados, sino también para los no sindicalizados, que son el furgón de cola... pero mejor ser cola de león y no de ratón. 

Existe algún efecto contagio entre sindicatos, cuanto más fuerte sea uno de ellos más fuertes pueden ser los demás.

La sociedad en su conjunto mejora, su calidad de vida al menos, cuando el Estado promueve el empleo, el bajo desempleo y la organización de los trabajadores. ¿Cómo promueve el Estado el empleo en la Argentina? Con gasto e inversión públicas, líneas de financiamiento, protecciones y promoción del consumo (esto último con fuerza hasta enero de 2014; cuando la restricción externa, la inflación inercial, y una merma en el apoyo político, llevaron al gobierno a tomar una serie de decisiones en función de reordenar la situación macro). El consumo, genera, como siempre dijimos, un círculo virtuoso: mayor demanda de bienes y servicios mayor venta, mayor producción, mejor recaudación, más inversión pública y capacidad redistributiva.

Gráficos. Click para agrandar.

Con el Estado jugando fuerte, este círculo distributivo (que no es rojo) resulta en una mejor distribución del ingreso.



Las negociaciones colectivas de trabajo son una herramienta central para mejorar el ingreso.



La industria sólo puede ser la locomotora de las negociaciones colectivas, cuando su entramado es saludable y fuerte. En la Argentina no puede haber industria fuerte, densa y con buenos salarios para sus trabajadores, sin Estado. En la última década la industria creció en el orden del 80%, apenas por debajo del PBI.

El desafío para el futuro es lograr que la industria crezca más que el PBI, aunque para eso se precisa un balance de pagos saludable, para encausar inversiones de capital, que requieren divisas. El segundo desafío, en este mismo sentido, es lograr una industria competitiva pero no en función de bajos salarios.





El equipo económico actual ha citado a Kalecki más de una vez. En Aspectos Políticos del Pleno Empleo, (1943), de Michal Kalecki nos encontramos con estas frases:


"Si el gobierno realiza inversión pública (por ejemplo, si construye escuelas, hospitales y carreteras) o subsidia el consumo masivo (mediante subsidios familiares, reducción de la tributación indirecta o subvenciones para mantener bajos los precios de los artículos de primera necesidad); y si, además, este gasto se financia con préstamos y no con impuestos (que podrían afectar negativamente a la inversión privada y el consumo), la demanda efectiva de bienes y servicios puede aumentarse hasta un punto en que se logre el pleno empleo.
Podría objetarse que el gasto gubernamental financiado con préstamos causará inflación. A ello puede responderse que la demanda efectiva creada por el gobierno actúa como cualquier otro aumento de la demanda. Si hay oferta abundante de mano de obra, planta y materias primas, el aumento de la demanda se satisface con un aumento de la producción.

"Las razones de la oposición de los “líderes industriales” al pleno empleo obtenido mediante el gasto gubernamental pueden subdividirse en tres categorías: a) la resistencia a la interferencia gubernamental en el problema del empleo como tal; b) la resistencia a la dirección del gasto gubernamental (inversión pública y subvención al consumo), y c) la resistencia a los cambios sociales y políticos resultantes del mantenimiento del pleno empleo.

"En verdad, bajo un régimen de pleno empleo permanente, “el despido” dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría, y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política. Es cierto que las ganancias serían mayores bajo un régimen de pleno empleo que su promedio bajo el laissez-faire, e incluso el aumento de salarios resultante del mayor poder de negociación de los trabajadores tenderá menos a reducir las ganancias que a aumentar los precios, de modo que sólo perjudicará los intereses de los rentistas. Pero los dirigentes empresariales aprecian más la “disciplina en las fábricas” y la “estabilidad política” que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente desde su punto de vista y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista “normal”.

"La tasa de interés o el impuesto sobre la renta se reducen en una depresión pero no aumentan en el auge subsiguiente. En este caso el auge durará más pero debe terminar en una nueva depresión: por supuesto, una reducción de la tasa de interés o del impuesto sobre la renta no elimina las fuerzas que generan fluctuaciones cíclicas en una economía capitalista. En la nueva depresión será necesario reducir de nuevo la tasa de interés o el impuesto sobre la renta y así sucesivamente. Así, en un tiempo no muy remoto la tasa de interés tendría que ser negativa y el impuesto sobre la renta tendría que ser sustituido por una subvención al ingreso. Lo mismo ocurriría si se intentara mantener el empleo pleno mediante el estímulo a la inversión privada: la tasa de interés y el impuesto sobre la renta tendrían que rebajarse continuamente.

"Lo que las masas piden ahora no es el alivio de las depresiones sino su abolición total. Tampoco debe aplicarse la utilización más plena de los recursos resultante a inversión pública, no necesaria, sólo para proporcionar trabajo. El programa de gasto gubernamental deberá dedicarse a la inversión pública sólo en la medida en que tal inversión se necesite realmente. El resto del gasto gubernamental necesario para la conservación del pleno empleo deberá utilizarse para subvencionar el consumo (mediante subsidios familiares, pensiones de vejez, disminución de la tributación indirecta, subvención a los precios de los artículos de primera necesidad). Quienes se oponen a tal gasto gubernamental afirman que entonces el gobierno no tendría que demostrar en qué gasta su dinero. La respuesta es que la contrapartida de ese gasto será el más alto nivel de vida de las masas. ¿No es tal el propósito de toda actividad económica?

lunes, marzo 31, 2014

¿Confianza en el gobierno? ¿Ahora mejoró? ¿Qué pasó?

Una idea cortita y al pie.

Hace un tiempo, decíamos acá, que:

"La paradoja, que merece algún debate, es que en el marco de una meseta en la distribución del ingreso, o incluso con un pequeño retroceso, muy posiblemente convivamos con un menor conflicto social. Los sectores más intensos en su oposición al gobierno bajarán su exposición, como respuesta a fenómenos sociales vinculados con la observación de una menor intervención del Estado de manera generalizada en la distribución del ingreso, aunque esto mismo perjudique a esos mismos sectores.
La clase media acomodada urbana visibiliza primero el rol del Estado, su intervención en la economía, antes que sus propios intereses de clase: la sensación de que la realidad económica prima sobre la política –aunque no sean esferas distintas, por eso “sensación”– funcionará como aliciente para la intensidad opositora de un importante sector de la Argentina.

En este sentido, el índice de confianza en el gobierno de la U. Di Tella permite algún acercamiento a esas hipótesis. La última medición de marzo sube 10% la de febrero.

Ese índice, tira estos datos:




Además la confianza del consumidor, de la misma U. también da mejor, 8,2%, como dice ahí:



¿A dónde quiero llegar? A que en un contexto donde se vislumbra el ordenamiento de las variables macroeconómica, luego de haberlas adelantado (devaluación, quita de subsidios, tasas financieras positivas -o casi-, menores restricciones al dólar, política monetaria contractiva, política fiscal con sintonía fina, etc.), el sector de la clase media urbana con ingresos saludables y más enardecido con el gobierno, siente un cierto oxígeno, con instituciones más de su gusto. De todos modos, habrá que confirmar la tendencia en nuevas mediciones. Pero en este post sólo se busca dejar planteado el tema.

El Estado tiene varias formas de mejorar el poder adquisitivo de los ingresos, y promover la distribución equitativa a partir del adelantamiento y el atraso de variables. Eso lo puede hacer, entre otras formas, en la medida que disponga con independencia de divisas, y esa mayor o menor independencia requiere una posición política clara y firme. Durante 2011 y 2013 utilizó reservas para sostener el tipo de cambio fuera de un lugar de equilibrio y a favor del poder adquisitivo del salario de los trabajadores, a favor de la importación de bienes capital (vinculado con una administración del comercio exterior en este sentidos) y contra (entre comillas) de los intereses de los sectores exportadores.

Es decir, utilizó dólares comerciales para adelantar estas variables. Sin embargo, el balance de pagos empezó a ser conflictivo, de vuelta, como siempre, y se entró en una situación de "pare", abriendo interrogantes sobre cómo será el "sigue" esta vez. El gobierno no pudo sostener esta estrategia en el tiempo, el electorado tampoco lo fortaleció en octubre pasado, y así tuvo que tirar algunas anclas para que la cosa no se vaya de sitio, porque un escenario desordenado, en este contexto, es sembrar neoliberalismo (como ya dijimos, y como parece interpretar el gobierno).

El Estado no tiene más saldo de dólares para financiar esas políticas, la clase media no votó masivamente a favor de ellas tampoco, dato no menor. Para mí porque le molesta el conflicto social que eso genera, no tanto conducida por los medios (porque es algo conserva con o sin ellos), pero sí con los argumentos de esos medios concentrados. Ahora bien, con dólares comerciales y las políticas correctas la cosa marchaba, con mucho Estado y conflicto, la cosa marchaba. Eso, como siempre dijimos genera inflación (más consumo, más ingresos, más disputa distributiva, más infla), y esta infla y la conflictividad social generan malestar en la clase media urbana, inconmovible por momentos, aunque ella misma mejore su poder adquisitivo.

Si el gobierno tiene el diagnóstico que para corregir esta situación precisa dólares financieros, tiene que hacer varias cosas para conseguirlos, el mundo no tiene dólares financieros para que los países los usen en los pobres, en la inclusión y en la distribución del ingreso y la riqueza, sino para que los usen en las multis (establecidas localmente o con negocios en el país). Así  las cosas esta búsqueda de dólares financieros es un problema. Un nuevo problema, que obliga al gobierno a acercar algunas variables a los puntos de equilibrio de mercado y no del Estado inclusivo. Esto se puede decir mucho más alegremente en un blog poco visitado como éste, de lo que puede decir un funcionario en público, está más que claro.

Esta situación es menor al lado de otros problemas que tuvimos antes, ya que ahora hay bajo desempleo, aún (?) alto consumo, actividad saludable, distribución del ingreso en posiciones históricamente aceptables, inversión saludable, protección social fuerte sobre sectores vulnerables, etc. Un escenario que permite tomar decisiones de ordenamiento sin que sea técnicamente un ajuste. Parece una situación que contrasta más con el relato (exacerbado por la oposición), que con la realidad, lo cual plantea desafíos para los sectores que apoyan al gobierno, pero tranquilizan a los que no lo apoyaban. Nadie dice que sea fácil.

Si el gobierno logra desarmar estos problemas que en última instancia pegan por la restricción externa, y logra dejar un escenario ordenado al siguiente gobierno, va a hacer historia, acordate. Porque permitirá al siguiente gobierno tomar decisiones saludables, siempre y cuando electoralmente haya una manifestación en este sentido, cosa que puede barajarse: ¿por qué habría una respuesta electoral extrema si el gobierno no asume una posición extrema? El penduleo podría ser, entonces, más leve. Lo ideal sería que no haya penduleo (en este momento), pero nadie dice que sea fácil.

Y como la única verdad es la realidad, nunca hay que olvidarse que la mejor forma de mejorar los ingresos fijos, es con organización social, con sindicatos fuertes, y con un Estado que los promueva, vía políticas específicas para viabilizar negociaciones colectivas, y vía políticas generales que mejoren el empleo y bajen el desempleo, en general, como lo ha sido todos estos años la promoción del consumo.

El pico superior de la línea verde, muestra el peor momento en cuanto a distribución del ingreso en los años seleccionados.
La idea era cortita, mi manera de explicarla, más o menos. Gracias por llegar hasta acá.

viernes, marzo 28, 2014

Pasalo a gas, ponele. El debate de los subsidios

Algunas ideas para tirar del tema, en términos conceptuales y no tanto.

  • ¿Son estos dos, 2014 y 2015, los años más difíciles que le tocó vivir al kirchnerismo? ¿O es preferible tener problemas con 7% de desempleo y un bajo porcentaje de deuda externa pública sobre PBI, que tenerlos con 20% y una deuda impagable?
  • ¿A quiénes favorecen y a quiénes perjudican los subsidios al gas y al agua, tal como estaban dados? A simple vista el Estado hace un esfuerzo absoluto mayor en subsidiar al que más gasta, antes que al que menos. En términos relativos, es muy posible que la masa de subsidios sobre el que más tiene la factura final de gas y agua implique una menor porción de sus ingresos que el que menos tiene. En los 90 éste era el principal problema: las tarifas de servicios exigían un mayor esfuerzo de los sectores más postergados, además en aquel entonces no había un Estado que protegía a estos sectores.
  • Números: AySA devengó en 2013 más o menos $7000 millones en subsidios económicos. Enarsa, más o menos, $30.000. La totalidad del sector energético cerca de $80.000 millones. Son números altos. El gasto público nacional de 2013 fue más o menos $1.000.000 millones. El PBI, más o menos, $3.000.000 millones corrientes. El déficit comercial en combustibles y lubricantes de 2013 cerca de U$S6.300 millones. El déficit primario público de 2013 cerró en  $22.000 millones, el financiero en un rojo de $64.000 millones. 
  • Conceptos: la ortodoxia habla de ajuste, de achicar gasto público, de quitarle Estado a la economía, para que la libertad le devuelva poder los sectores concentrados de la economía. Sí, más. La heterodoxia, en cambio, busca optimizar la intervención del Estado en una época de restricción externa. En la cual, de no tomarse precauciones se corre el riesgo de perder la fuerza del Estado, con el mismo resultado que busca la ortodoxia. Así, el Estado, el gobierno en realidad, busca contrarreloj resolver la restricción externa sin que eso genere nuevos problemas, tales como la inflación que resulta de la devaluación (digresión: la infla que resulta de la puja distributiva es "más sana", porque indica puja, la otra es recesiva). 
  • De este modo, si el Estado en vez de achicar el gasto, lo reasigna, los efectos no son contractivos, sino que serían neutros, en este sentido. Sin embargo, si la quita de subsidios se aplica a sectores que dejarán de consumir, engrosando la demanda agregada, el efecto será igualmente contractivo. En otro orden de cosas, la manera como se optimece ese gasto puede ser más o menos regresiva o más o menos progresiva. Si se le saca subsidios a los que más tienen y se fortalecen los subsidios al desempleo y el consumo de los sectores más necesitado, estaríamos frente a una política, en ese punto, progresiva. 
  • No obstante, si por la razón que fuere, se disminuye el consumo total (supongamos, de los sectores medios, en la medida que no se disminuya ningún subsidio a los sectores vulnerables), y se debilita la demanda efectiva, es posible que la economía en su conjunto lo sienta, lastimando más al que más lo precisa. La contracara de esto es que bajará la inflación, como respuesta a que no todo los precios estarán validados por los consuimdores. Por eso, fue fundamental todos estos años generar cada vez más consumo que obligase a los empresarios a invertir, cosa que ocurrió, mucho o en parte, ahora el piso productivo es más alto y los precios, por tanto, serán más bajos relativamente comparados con mayor nivel de demanda. 
  • Es decir, como toda medida tendrá sus puntos a favor y sus puntos en contra. Depende de dónde uno se pare. Y lo que vaya ocurriendo, porque la realidad muta, siempre. Es un error creer, y pónganlo en la columna de las autocríticas si quieren, que toda medida debe ser celebrada o defenestrada, a veces la misma realidad, en relación con los intereses políticos, obliga a tomar decisiones. 
  • Mantener los subsidios a la industria, en base a criterios de justicia redistributiva al interior de las cadenas de valor, pasa a ser una herramienta fundamental. Incluso cabe pensar que el subsidio que mañana se quite (en todo o en parte) se puede devolver si se corrige el motivo de esa quita. Construir una política industrial, micro, meso y macroeconómica basada en premios y castigos, o en la reciprocidad empresaria, es uno de los grandes desafíos pendientes de estos años. 

Finalmente, pienso que conviene pararse en el lugar de sostener el rol del Estado, y eso en este momento, de restricción externa, implica tomar un montón de decisiones antipopulares. Pero cabe desctacar que no hay ningún fracaso de ningún modelo. No se trata de encastrar el relato con la realidad, sino de entender que todo el tiempo este gobireno, y por eso cabe defenderlo, con críticas si corresponde y donde corresponde, busca con los recursos a mano sostener la fortaleza del Estado, para por un lado, atender las necesidades más urgentes, pero sobre todo, por otro, para que el mismo orden macroeconómico (como ya dijimos) haga más dificultoso, material, electoral y legítimamente, volver al neoliberalismo o algún híbrido familiar de éste, y destruir así los lazos productivos, sociales y culturales construidos con tanto esfuerzo y poco reconocimiento por las clases medias urbanas, en este tiempo, gracias al rol del Estado.





miércoles, marzo 26, 2014

Educación. Y por el lado del pacto social, ¿cómo andamos?

Una idea que venía pensando y dejo acá tan rápido como pueda para que sea clara.

Si estamos logrando avanzar, así parece, en un pacto social sobre un tema como el narcotráfico, ¿por qué no podemos avanzar en otros temas?

Está claro que en ese tema hasta los narcos van a admitir que hay que combatir al narcotráfico.

Pero hay otros temas que son igual obvios, aunque requieren, incluso, un pacto social más amplio. Me refiero a educación pública, salud pública, mercado interno robusto, transporte, relaciones internacionales y distribución del ingreso, entre otros tantos. Muchos temas en los que la mayoría estamos de acuerdo que debe avanzarse, pero como no estamos organizados sólo lo manifestamos. De eso se trata un acuerdo: de organizarse para consolidar -y/o avanzar sobre- un estado de cosas con el que todos estemos de acuerdo, haciendo fuerza sobre los sectores (¿minoritarios pero poderosos?) que pueden resistirse.

No se trata de encarar todo a la vez, aunque todo tiene que ver con todo, vayamos pensando despacito, pero sin pausa.

Por ejemplo, educación pública.

En este sentido, es un error creer que en la mesa de acuerdo sólo deben sentarse sindicatos de la educación y Estado. En esa mesa para que tenga sentido, tienen que sentarse, además, "padres y estudiantes" con alguna representación, educación privada, partidos políticos, gobiernos nacionales y subnacionales, demás sindicatos de otros sectores, Iglesia (ya que estamos, aprovechemos) y empresarios de todos los sectores. Según sus representaciones. ¿Querés política de Estado? Hay que bancarse la pelusa.

La educación sólo puede tener respuestas integrales, nacionales y federales, nacional y subnacional. Debe pensarse que la inclusión educativa debe estar acompaña con una modernización de técnicas y contenidos, no sólo de enseñanza, también de comunicación, para lo cual deben estar de acuerdo no sólo los docentes. Quizá unificando el sistema privado y el público, en un sistema universal y gratuito.

Un papá sin empleo o sin salario digno, es un chico con problemas de escolarización y aprendizaje. Creer que se puede tener una mejor educación sin incluir en un pacto social a los sectores empresarios, es una entelequia.

Nadie dice que sea fácil. Pero si se pudo avanzar un poquito en un pacto para combatir al narcotráfico, y otro poquito en los niveles de distribución del ingreso (11 años mediante), podemos ir pensando en construir un pacto social ampliado sobre cómo queremos que funcione el sistema educativo, con qué objetivos y metas.

Es una idea, para pensar y debatir. De a poquito. Como la vida misma.