sábado, abril 25, 2015

Upa lala

Pagni escribió hace menos de un año que el gobierno debería endeudarse al 8% para pagarle U$1500 millones a los buitres.

24 de junio de 2014:


Eso explica por qué hoy se muestra tan crítico sobre una colocación, y endeudamiento, que tiene un punto más de tasa que la señalada antes, y es casi por ése monto (Bonar 24), pero no es para pagarle nada a los buitres, tal como él sugería en la nota anterior. Cabe pensar que esto último es el verdadero problema.

25 de abril de 2015:


Cabe reflexionar acerca de una idea: la ortodoxia mira la economía sin ninguna claridad en términos reales. Exigir una deuda de manera que no es ni justa, ni equitativa, ni sostenible, ni legal, genera un cierto daño social, por el torniquete sobre el gasto público y presión cambiaría, etc. Sin embargo, la ortodoxia invierte la carga de la prueba, postula que un ajuste hoy es más pan para mañana. Se sabe que no es cierto.

Es muy conveniente asumirse dentro de la ortodoxia convencional para no jaquear la moral y la ética propias. La ortodoxia no es inclusiva, pero su éxito radica en que no se note.

lunes, abril 20, 2015

Vuelve la superproducción llamada: "No nos enloquezamo"

Se escuchan un montón de cosas por estos días. Es difícil entender cuánto hay de ideología, cuánto de convecimiento económico, cuánto de operación de intereses y cuánto de decir lo que le gusta escuchar a los que pagan mejor.

Pero que sea difícil no lo hace imposible.

Hablan desde la oposición de sacar el cepo, de bajar retenciones, de quitar ganancias, de reducir controles del Estado, bajar el gasto público, desproteger la industria, buscar nueva deuda (posiblemente tóxica). Todas estas afirmaciones están enfocadas en una redistribución del ingreso que vaya para atrás sobre lo conseguido todos estos años, o sea regresar a puntos de mayor concentración o menor mercado interno.

Son todas propuestas para que los sectores altos de la clase media y los empresarios puedan ejercer su poder económico sin sufrir trabas dadas por la organización del Estado en sus acciones para buscar una mayor equidad entre los sectores (que por cierto marcha muy lento, imaginarse entonces lo que significaría volver para atrás).

Primero hay que señalar que todas las medidas del Estado favorecen o perjudican a los distintos actores en disputa. No hay nada que favorezca a todos sin avanzar sobre los intereses de algunos. Eso no existe. El gobierno ha visibilizado sectores que en otro momento no tenían voz y por eso no se notaba su perjuicio. Hoy esa visibilidad ha dado lugar a la famosa grieta de intereses. Esto lo ha logrado gracias a instrumentos del Estado (que le dan más a quienes tributan menos) y que buscan paulatinamente ganarse el lugar de derechos adquiridos. Todo beneficio o subsidio que otorga el Estado beneficia al mercado interno, al consumo, que genera más ventas y más trabajo comercial y -con las políticas adecuadas- productivo.

Hablan de plan integral para combatir la inflación, pero como no tienen un correcto diagnóstico de por qué hay inflación, ese plan -conscientemente o no- será de ajuste. Porque la inflación tiene como base la redistribución del ingreso: incluso la que se vincula con la emisión y el déficit fiscal (en la medida que el gasto esté vinculado con aumentar ingresos para los que menos tienen).

Claro, no todo es tan sencillo. Es cierto que el país para seguir creciendo sin perjudicar al mercado interno, precisa dólares para importar todo lo que no se produce acá, sin que eso genere la necesidad de un precio mayor del dólar. Aquí estamos ahora. Viendo cómo orientamos el país hacia el desarrollo industrial (ver acá), para subir el piso industrial, pero sin regresar a un mercado interno más chico.

Lo que llama la atención es el apuro de ciertos sectores concentrados. Se sobrevalora el crecimiento aislado de otras variables y se subvalúa la importancia de sostener la inclusión social aunque sea con bajo crecimiento. Es decir, hoy una recesión de 1 punto (ponele) es mucho menos grave que el crecimiento con expulsión social (mayor desempleo, destrucción del tejido productivo, etc.) que existió entre 1991 y 1998. Una de las cosas que debe decirse es que la Argentina hoy no tiene apuro, precisa avanzar (en desarrollo tecnológico, y sustitución de importaciones) pero sin apuros o atajos que la hagan retroceder en materia social, como tantas otras veces en nuestra historia.



martes, abril 14, 2015

Las tapas de Clarín antes del corralito de 2001

Como puede verse, el mismo diario que desde la línea editorial hoy anuncia una bomba de tiempo para 2016, justo la semana anterior al corralito de Cavallo en diciembre de 2001 (producto del quiebre del financiamiento externo necesario para la convertibilidad que viabilizó la valorización financiera) no dijo una palabra en sus tapas sobre los problemas financieros de la Argentina.

A estas tapas, hay que sumarle, un fenómeno histórico, más estructural que mediático: el nivel de transferencias al exterior durante 2001 (que era legal, pero connotaba un cierto comportamiento). Las transferencias no fueron el único canal de fuga, pero dejaron ciertas pistas.

Cuando volvió el tema a las tapas ya era sábado (el 1ero de diciembre), el rebaño (la famosa gente) no podía hacer nada, salvo reclamar. Lo demás es historia conocida.


Fuente: Informe de la Comisión de Fuga, 2001, que fue publicado en un libro. Esta Comisión trabajó junto con un equipo de investigación de la FLACSO.


20/11/2001

21/11/2001

 22/11/2001

 23/11/2001

 24/11/2001

 25/11/2001

 26/11/2001

 27/11/2001

 28/11/2001

 29/11/2001

 30/11/2001

 01/12/2001, sábado

viernes, abril 10, 2015

Coyuntura y pobreza en la Argentina

Tal como decíamos en un post anterior, la discusión sobre la pobreza es una discusión que nos interesa sobre todo a quienes defendemos la igualdad social y la distribución del ingreso. Y que haya menos pobreza. Últimamente hay personas que cuestionan los indicadores de pobreza, pero que también cuestionan las políticas del Estado para combatirla. La hipocresía no sorprende en nuestra querida la Argentina.

Por eso, más allá de la coyuntura política-comunicacional, es responsabilidad permanente de la parte de la sociedad interesada en mejorar esta sicutación, dar el debate.

La Argentina se expandió desde fines de 2011 y, por lo menos, hasta enero de 2014 por encima de sus posibilidades en términos del balance de pagos. Esto es, la Argentina necesita para desarrollarse dólares tanto para cubrir deudas viejas (el endeudamiento tóxico de la Argentina que ocurrió entre 1976 y 2001) y para las importaciones necesarias para la inversión (las inversiones tienen una alta proporción de bienes de capital importados, tanto por la lentitud en la sustitución de importaciones, como por políticas de las ETNs).

En este contexto, el crecimiento con distribución del ingreso y mejoras en el gasto social del Estado, se vio entorpecido por la falta de divisas. ¿Por qué? Porque el crecimiento, en el sentido descripto, demanda cada vez más dólares, y si el ingreso de dólares es menor que el necesario, eso presiona al precio del dólar al alza. A esto se le llama restricción externa. Cuando el dólar sube, suben los precios en pesos de los productos importados, sube la cantidad de pesos que se precisan para pagar deuda, y suben los precios en pesos de los productos exportables.

El FMI aconseja resolver esto con devaluación y ajuste, de manera tal que el balance de pagos apunte a un saldo positivo de cuenta corriente (ver caso griego actual) porque se exporta más (vía mayor competitividad y mayor concentración del ingreso que favorece IED) y se importa menos (por el ajuste se precisan menos cosas de afuera).

En este marco, el gobierno tomó medidas, algunas buenas otras debatibles. Desde 2014 el Estado devaluó y desaceleró la redistribución del ingreso (asimismo, la inflación vinculada al precio del dólar es más difícil de recuperar en ingresos populares reales -perdida de poder adquisitivo popular-, que la que es consecuencia de la redistribución -mejora del poder adquisitivo popular-). En este escenario, se mantuvo el fuerte gasto público social buscando proteger a los sectores vulnerables, pero afectando además moderadamente la actividad económica por los problemas para importar. Un escenario que además, se completó con endeudamiento nuevos (fuera de los circuitos tradicionales, en el marco del fallo de Griesa).

Lo anterior busca ser un resumen del marco de análsis para mostrar que todo tiene que ver con todo. Y entenderlo lo mejor posible es primordial si el objetivo es el desarrollo productivo para la inclusión social. Disminuir la pobreza requiere seguir manejando un balance entre desarrollo y distribución del ingreso desde el Estado, apuntando al largo plazo y tratando de lograr un camino constante y sin fluctuaciones. Pero ello no es fácil, como se puede ver en los dos gráficos siguientes, que para mí, son coherentes con toda esta explicación.

Todo este debate no se puede dar fácilmente con personas que no pueden salir de una lógica ortodoxa (situación en la que caen muchos "progresistas"), porque los ejes están puestos en otro lado. No válidan casi ninguno de estos postulados. Y en definitiva juegan a favor de menos inclusión popular. No tengamos miedo de dar este debate, primero entre nosotros y después con quien sea.




Fuente: MEcon

Sobre la línea de pobreza lo que resulta fundamental es entender la baja sostenida de la misma hasta el momento en que se devaluó la moneda, casualmente lo que quiere hacer la oposición. Entonces, si te hablan de pobreza y devaluación, no es que no entendieron nada, es que les chupa un huevo la pobreza (disculpen el lenguaje técnico).


Fuente: CESO




jueves, abril 09, 2015

Los 4 factores del ciclo económico según Juan Domingo Perón

Che, hablemos de peronismo, del de verdad.





"Cuando llegó el momento lanzamos el primer Plan Quinquenal, que eran 76.000 obras. Indudablemente, al lanzar esas 76.000 obras, todo se puso en movimiento. El país rompió la inercia. La primera consecuencia fue que esos 800.000 desocupados se ocuparon en dos o tres meses. Cuando se ocuparon los 800.000 desocupados, los salarios subieron solos, porque cuando hay plena ocupación, el salario no hay que impulsarlo, sube solo. Claro, cuando subieron los salarios, el poder adquisitivo de la masa popular –que es el verdadero consumo– se multiplicó varias veces. Al multiplicarse y subir el consumo, eso tonificó inmediatamente al comercio, que se atrezó para satisfacer la demanda de ese consumo multiplicado. Eso demandó a la industria la transformación necesaria para la distribución por el comercio. En consecuencia, la industria se puso en marcha. Y todo el mundo comenzó a pensar en el desarrollo industrial. Porque no es cuestión de hablar de un desarrollo siempre teóricamente y en los papeles. Hay que… el desarrollo es como el apetito, que viene comiendo, hay que empezar a hacer. Entonces, pero hay que crear las condiciones de que eso sea un proceso fatalmente provocado por otro proceso al cual está encadenado. Tan pronto se puso en marcha la industria, comenzó a necesitar materia prima la producción, hubo de abastecérsela. Y así el ciclo de la producción, la transformación, la distribución y el consumo quedaron, diremos, en proceso de progreso, de aumento. Naturalmente que la habilidad nuestra no fue otra que
mantener esos cuatro factores del ciclo económico bien nivelados y armónicamente promovidos. Y cuando se mantiene el equilibrio en ese ciclo económico, se desarrolla el trabajo, eso nos permitió pasar de una economía de miseria a una economía de abundancia. Algunos dicen que nosotros tuvimos una situación privilegiada de posguerra. ¡No, mentira! Todo lo que nosotros hicimos fue lo que creó diez años de abundancia y diez años de felicidad para el pueblo argentino.


lunes, abril 06, 2015

El Estado argentino futuro y el mapa de actores económicos

La historia muestra que el camino hacia el desarrollo tiene tres pilares: una macroeconomía más o menos estable, una relación manejable entre inflación y redistribución equitativa, y un nivel de endeudamiento que no ahogue la posibilidad del Estado de implementar políticas de desarrollo industrial y social. Es verdad que en la coyuntura actual esto debe hacerse cuidando la mejora continua y de largo plazo del balance de pagos, y para ello se necesita planificación antes que un salto al vacío.








El Estado en estos 12 años tomó posición, no fue imparcial, como siempre. Nunca es imparcial, pero la pregunta es qué parcialidad le pedimos.

No es lo mismo sostener el poder adquisitivo del salario, proteger la industria, cuidar que no haya una inundación de bienes importados, tomar posición en empresas estratégicas, tomar partido desde el BCRA, favorecer la redistribución del ingreso o mejorar la infraestructura productiva y para la competitividad de la economía, que liberar todas las amarras a las fuerzas del capital para que esté tenga su propia capacidad “regulatoria”.

Detrás de estas lógicas de acción estatal los actores se configuran cuidando sus intereses. A veces en conjunto y a veces por separado.

Sucintamente, se puede hacer un repaso de los intereses de corporaciones y sectores. De modo que la Unión Industrial Argentina (UIA) prefiere un tipo de cambio alto, con sueldos en dólares bajos, para mejorar la competitividad de sus productos en el exterior. Es cierto que muchas veces el mercado interno ayuda mucho al consumo de productos industriales, pero lo es también que esta entidad prefiere mejorar la competitividad hacía afuera antes que mejorar sueldos hacía adentro. Este sector precisa al Estado para protegerse y a la transferencia de recursos desde el campo, para comprar bienes de capital.

miércoles, abril 01, 2015

Sobre los salarios y los impuestos. Más para entender ganancias

No es fácil hallar datos para convertir en información en nuestro querido país, esto es histórico. Pero algo siempre hay. Personalmente me parece muy bien el debate por la recaudación del Estado, su visibilidad y sobre todo el paulatino avance, en más o en menos, de las fuerzas sociales (durante estos 12 años) que están a favor de los impuestos progresivos y del gasto público que redistribuye equitativamente el ingreso.

Pero buscando hay algunas cosas para mirar y tratar de entender mejor dónde estamos, respecto del impuesto a las ganancias cuarta categoría. En post previos explicamos cómo se calcula, y dimos una mirada conceptual. Acá actualizamos eso, y agregamos alguna cosita.

En un informe del IARAF se puede ver que sigue existiendo cierta progresividad en el impuesto a las ganancias. Queda pendiente la discusión de si por el no ajuste de escalas la presión aumentó mucho más en los sectores de los primeros tramos. Sin embargo, la progresividad sigue vigente, y este es un dato no menor.


La recaudación fiscal por ganancias (por las 4 categorías juntas) aumentó durante 2014, por encima del aumento total de la recaudación. Esto habla de una mayor participación de impuestos directos en el total de los ingresos del Estado nacional.


Además vamos a ver un par de cosas más respecto de los ingresos de los individuos. 

Para el total país, los ingresos individuales según decil. 



La evolución en la participación del ingreso por decil entre 2011 y 2014.



Y entre 2003 y 2014.



 La escala por decil para la Ciudad de Buenos Aires.



En lo que hace a salarios brutos registrados... 



Finalmente, ¿hay algún vínculo entre un Estado que fomenta el mercado interno, que recauda más, y los aumentos salariales? Por supuesto, al fomentar la demanda agregada, el mercado interno, se fomenta el trabajo, esto implica más trabajo argentino, y por ende mejor organización del trabajo, que tiene una mayor fortaleza para pelear por aumentos salariales. Suponer que reducir la recaudación del Estado puede mejorar los salarios en el mediano plazo, es cometer un error (o tener una estrategia) que implica un perjuicio para el trabajo y el salario.  

Como ya vimos en otros posts, incluso aunque aproximadamente sólo el 35% (de todo el empleo, incluido el empleo en negro) esté afectado directamente por las negociaciones colectivas de trabajo, éstas afectan al conjunto de los que perciben ingresos a cambio de su fuerza de trabajo.