La dignidad en la villa. Vení, mirá.

Víctor Hugo Morales tiró esta frase:

“Lo que tratan de darte a entender es que hay más gente pobre. No. Me puse a charlar con una de las personas que trabaja en un edificio cercano, mientras esperaba un taxi que nunca vino, y le pregunté, ¿dónde vive usted? En Guernica, me dijo. Vos te imaginás dos horas para venir y dos horas para volver, que muchas veces se te convierten, con cualquier episodio, en una hora más. Si vos tenés la chance de vivir más cerca, en lugares bastante dignos como los que hay en las villas, porque la gente cree que son un verdadero desastre”.
“Si vos tenés tu trabajo a 20 minutos de micro, lo que estás ahorrando de tiempo. Además, es más fascinante darte el gusto de escaparte al Gaumont”.
“Yo elegiría vivir en una villa porque yo crecí en un lugar que es como una villa. He fundado con el Padre Pepe la escuela de música de la Villa 31, he llevado los instrumentos, he comido con los curas villeros en más de una ocasión. Siempre he luchado contra el estigma contra las villas, porque sé que se vive mejor y que vive mucha gente decente”.

No me voy a detener en discutir al periodista o en los recortes que hizo la prensa en su contra (que entrevistó a expertos en Víctor Hugo antes que a expertos en villas). No creo que nadie elija vivir en una villa.

Quiero plantear algunas cosas. Sin ningún ánimo de cerrar un debate que debe darse en profundidad.


  • Las villas crecen cuando hay crecimiento y se reducen, a veces, cuando no lo hay. Por ejemplo, la dictadura arrancó con 225.000 habitantes en villas (en la Ciudad de Buenos Aires), y terminó con 30.000, luego de desarmar sus organizaciones y pasarles topadoras.
  • Cuando hay más trabajo y más poder adquisitivo hay personas que se acercan a las grandes ciudades, para aprovechar ese derrame (albañiles, cartoneros, personal doméstico, mozos, plomeros, choferes, gasistas, electricistas, plomeros, etc.). Se acercan tanto del interior del país, como de países vecinos. 
  • El crecimiento de las villas tienen distintas razones, en la última década primó la falta de recursos y anclajes formales (como en los casos de inmigrantes extranjeros), sociales, laborales y familiares de sus habitantes, antes que el nivel de ingresos. A veces, lo que se paga un lugar en una villa es muy superior a lo que se pagaría de alquiler por un lugar incluso más grande en otra parte de la Ciudad. 
  • La ausencia de alternativas habitacionales es responsabilidad de los gobiernos nacionales y subnacionales. En el caso de CABA prevalecen las estrategias municipales sobre este tema antes que las políticas nacionales. 
  • Hablar de dignidad tiene varios puntos de vista. Es lo suficientemente digna la vida de cualquiera en una villa como para no estigmatizarlo, y atender que quiere estar ahí y no en otro lado, pero insuficientemente digna como para definir que hay mucho por hacer. 
  • En las villas hay personas que merecen el mismo buen trato que en cualquier lado, que tienen algún problema de recursos que los expulsa de una vivienda formal, con todos los servicios y establecida legalmente. Este problema de recursos es un claro problema del sistema y no de las personas. 
  • La solución de fondo es desde el centro a la periferia, generando trabajo formal para todos los habitantes de la Argentina. Eso se logra con Estado, con mercado interno, con promoción de poder adquisitivo y con estrategias de industrialización. De manera que de a poco (es un largo proceso) cada vez haya más formalidad y menos expulsión a la informalidad.
  • Mientras tanto, debe escucharse, valorar, y cuidar a las personas que viven en lugares que son de bajos recursos, buscar la urbanización de esos lugares, con servicios y Estado, y la inclusión urbana al tejido formal. Los distintos grupos que militan las villas son impescindibles, por cuanto -y en la medida que- ayudan a la organización social interna y fuerzan al Estado (nacional o subnacional) a actuar.
  • La expulsión indiscriminada, es un acto de cinismo, es discriminación y es no hacerse cargo que el problema estructural es de la organización del Estado capitalista, y de su tejido productivo formal.


Este tema merece un debate integral, no sólo de los habitantes de una Ciudad, sino de todo un país, de todo el Estado, con sus distintos actores e intereses económicos y culturales.

Mientras tanto, visibilizar estas problemáticas, merece celebrarse.




Comentarios

Minaverry dijo…
Muy buen post. Es un tema del que efectivamente se sabe muy poco y del que se hablan muchas pavadas.
Alcides Acevedo dijo…
Bravo Herrera, seguí así, podés tapar el sol con una mano si querés...

¿La villa es una manifestación de prosperidad? claro, ¿mejora la calidad de vida? por supuesto
¿Es culpa de Macri? también tenés razón...

Lástima que las únicas villas de Argentina no sean solamente la Villa 31 o las de capital, esas son para villeros ricos que en su puta vida podrían acceder a una hipoteca ¿qué pasa con los villeros del tercer cordón del GBA? ¿a esos les gusta vivir lejos del centro?

No entiendo por qué los K se exponen al escarnio, no entiendo cuál es la necesidad de ponerse a justificas el crecimiento de las villas, creo que están muy mal de la cabeza.
Anónimo dijo…
"No entiendo por qué los K se exponen al
escarnio..."


Y nunca lo vas a entender Alcides ACV-do. Exponerse a la difamación cobarde de los mafiosos de siempre sin recibir nada a cambio sólo está reservado para gente con ideales, con vocación militante y política.

Eso es algo que no tiene nada que ver con individuos como vos, payasito de circo.
Dany Turco dijo…
Excelente. Gracias.

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