Elijamos democracia

"Hoy, cuando venía en el trayecto, veía a miles y miles de jóvenes chaqueños con sus banderas, con su alegría, con esta juventud que ha irrumpido una vez más en la historia pero una historia diferente, en una historia donde no vienen a pelear por un lugar porque hay democracia, que irrumpen porque se siente convocada por un proyecto que gobierna el país, debo decirte Néstor, que finalmente ese sueño que tenías ese 25 de Mayo cuando juraste como Presidente, se hizo realidad. No sé si lo habrás visto el día que te fuiste, pero estoy segura que desde algún lado de la historia lo estás viendo y lo están viendo también miles y millones de argentinos que soñaron con un país diferente”.
Discurso de Cristina Fernández de Kirchner, 25 de mayo de 2011.


Cuando hablamos de democracia hablamos de innumerables cosas. 


Hablamos de participación, de la construcción de una ciudadanía más amplia, para que votar  no sea un acto fetiche, y que, por tanto, la política del gobierno dependa del voto. Para eso el Estado debe conducir esa participación, encauzarla, informar. Para eso las voluntades en el gobierno deben ser coherentes, conducentes. Dar las batallas culturales necesarias. Para ello, la construcción de poder debe transitar un sendero de institucionalización. Los actos de gobierno deben plantearse como reflejo de lo que el pueblo precisa.


Hablamos de un Estado fuerte, de una construcción de hegemonía que, con base en el pueblo, y en las organizaciones sociales, regule la economía para que haya más inclusión, trabajo y bienestar social. Para que las personas tengan tiempo de pensar en el futuro y no sólo en el presente. Elegir requiere tener capacidad de esperanzarse, de ilusionarse. Para eso no debe haber excluídos, en ningún sentido. Un excluido, en el sentido que fuere, no elije en libertad (a lo sumo tendrá libertad física). 


Por eso también hablamos de educación, de entender la información y de saber qué país quiere uno, y que país quieren los demás. Qué país quiere la mayoría. 


Hablamos de acceso a la justicia, a la salud, a la comida, a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la seguridad, a la información, al bienestar social y sobre todo a la alegría. Elegir con alegría, tener tiempo para ser feliz, y estar alegre, es fundamental para que esa elección sea consciente y no necesaria. 


Hablar de democracia es hablar de solidaridad. Cuando un pueblo aprende a ser solidario no hay forma de detenerlo. El resultado va a ser siempre más desarrollo social, con armonía de clases, con solidaridad de clases. 


La Argentina todavía tiene algunas deudas con su democracia. Es el Estado la institución que debe articular esa reparación social. Y eso se recupera con instituciones fuertes que sostengan esos pilares. La Asignación Universal por Hijo, la promoción de los Derechos Humanos, el presupuesto en educación, la industrialización, el mercado interno, la integración regional, la integración latinoamericana, el gasto social, las políticas de inclusión, el crédito productivo, las obras de infraestructura, la difusión de TIC's, la ley de democratización de medios de comunicación, la hospitalidad al turista, y la construcción de un Estado afectivo que recupere los lazos sociales, hacen a una mejor democracia. 


El desafío es seguir propiciando la igualdad, obstaculizando la especulación, institucionalizando todos los mecanismos necesarios para una sociedad mejor. Es un desafío que lleva tiempo. Pero elijámoslo. 

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