¿Más atraso cambiario? ¿A quién le sirve? ¿Qué significa esto?

Versión aumentada de un artículo publicado originalmente en Política Argentina.


El análisis del precio del dólar hoy mantiene su vigencia, a pesar de que la ortodoxia neoliberal decía que con su recetario se lograría un lugar natural que convendría a toda la economía. Resulta pertinente señalar que no existe un tipo de cambio ni natural ni de equilibrio, sino que existe una política económica cambiaria que asiste a una determinada posición del precio del dólar, que favorece ciertos objetivos políticos, económicos, productivos y sociales. Toda política que afecta a la generalidad macroeconómica debe analizarse desde una reunión de políticas de distinto enfoque, la política cambiaria, fiscal, monetaria, de ingresos, comercial, tributaria, deben analizarse a la luz de las demás, porque por separado sólo puede resultar en una histeria análita donde no hay comunidad entre apuestas y resultados. 

En esta introducción cabe destacar que uno de los objetivos políticos que persigue la actual administración es el disciplinamiento sindical y social, por cuanto las medidas de gobierno no apuntarían en general a favorecer la organización de los trabajadores ni el fortalecimiento de los sectores que en términos agregados le dan sustento, como en efecto ocurre con la industria.

Se clasifica a continuación en tres dimensiones esta problemática: a) la relación entre el dólar y la inflación; b) las pujas de la cúpula del capital respecto de qué equilibrio lograr, con el salario en dólares como eje; y, c) las circunstancias que existen para el país en función de la apertura de la cuenta capital y financiera que habilita un alto reendeudamiento público, esto último también puede verse en el presupuesto nacional para 2017.

En primer lugar, los cambios en el valor del dólar afectan la variación de los precios de la economía. Como se sabe, un salto cambiario aumenta el valor de los precios de bienes y servicios importados del mismo modo que incrementa el valor en pesos de las exportaciones, con un efecto desplazamiento hacia los precios internos de esos mismos bienes exportables. Así si el valor del dólar se detiene o se desplaza por debajo del aumento general de precios, sirve como ancla inflacionaria. Es de esperar que frente a un 2017 electoral, y considerando que el tipo de cambio real con Brasil ha mejorado (por la apreciación del real), no haya más shocks en el precio del dólar.

En el presupuesto presentado en el Congreso para 2017 se observa la proyección del precio promedio del dólar hasta 2019. Cabe destacar que este presupuesto para 2017 no refleja, en esta etapa previa a su ejecución, un fuerte ajuste como el realizado en 2016. El Gobierno calculó un dólar promedio para 2017 de $ 17,92, un 19,5% más respecto al valor promedio supuesto para 2016 ($ 14,99). Las metas de inflación, una novedad que aparece en el presupuesto, en sintonía con los ítems “ofrecidos” en el Mini Davos realizado en Buenos Aires, señala entonces una inflación de 12-17% para 2017, de 8-12% para 2018 y 3,5-6,5% para 2019.

El precio del dólar promedio señalado en el mismo orden de estimaciones, muestra un aumento de 18,4% en 2018, y 10,9% en 2019, llegando a $23,53. Aquí entran a jugar varias cosas, primero que nada, no se ve un plan vinculado con un corrimiento del dólar por encima de la inflación para que las presiones por la competitividad no se vean profundizadas. No obstante lo cual, y suponiendo que el valor natural del dólar de equilibrio liberal es el que resulta del ingreso y egreso de divisas sin intervención del sector público, se puede ver que de la misma forma que el valor actual depende de los ingentes niveles crecientes de deuda externa pública, hacia 2019 esa situación no se presenta modificada.

La inflación hoy es el pulso de la economía, de haber correcciones cambiarias nuevas cabe esperar que éstas sean cuando ya no haya tanta inflación, cuando una economía fría sea más impermeable a los pass-through de las devaluaciones. Hoy la conflictividad laboral sería muy alta si hubiera un nuevo overshooting cambiario y esto es algo que se busca evitar porque forma parte del axioma originario de la Alianza Cambiemos: disciplinar a la sociedad y a los sindicatos, como camino hacia el dominio de los sectores concentrados sobre las variables macro.

El mismo presupuesto para 2017 admite un tipo de cambio promedio para 2015 de $9,66, lo que resulta en un salto de 55% con el dólar promedio de 2016. Este tema no es menor, porque el gobierno dijo en repetidas circunstancias que el dólar blue o paralelo era el que regía los precios relativos de la economía, cosa que hoy sabemos que no era así, y hasta el mismo tarifazo absorbe parte de esa devaluación, generando una modificación en los precios relativos con impacto en el consumo del conjunto de la sociedad con preponderancia de los sectores más humildes.

En segundo lugar, volviendo a la clasificación inicial, respecto de la puja distributiva, a partir de la lectura de informes del Centro Cepa, la devaluación de diciembre de 2015 generó una baja sustantiva en el salario en dólares, cosa que mostró su punto más bajo en febrero de 2016. En efecto, en septiembre de 2015 el salario mensual registrado bruto industrial promedio representaba alrededor de 1879 dólares, que comparado con el de octubre de 2016 -1503 dólares- refleja una caída de 20% (contemplando paritarias, y siempre en promedio), después de haber llegado a caer más de 32% en febrero de 2016. Cabe mencionar que desde mayo y hasta octubre hubo cierta recuperación en dólares del salario industrial registrado promedio a pesar de los efectos del Brexit (junio) y Trump (noviembre). Estos efectos abren cierta incertidumbre en el análisis, sin embargo se supone que la Argentina en el corto plazo podrá ser resistente a ellos (más allá de si eso es bueno o malo para el aparato productivo local).

La devaluación del dólar transformó el mercado interno de la Argentina, asimismo modificó el mercado de bienes deprimiendo la demanda, bajando el nivel de inversiones y poniendo en duda el tan mentado salto de la oferta, que no cabe esperar para 2016.

En febrero de 2016, el Centro Cifra destacaba en un informe sobre la naturaleza política y económica de la Alianza Cambiemos, que: “las distintas fracciones del capital que se articulan en el nuevo bloque de poder tienen intereses diferentes pero el punto de acuerdo entre ellas es el disciplinamiento de la clase trabajadora (…) La conclusión es que la hegemonía se desplazó de los grupos económicos locales a los bancos trasnacionales y las empresas extranjeras”. Una lógica de valorización financiera se encuentra asociada a otorgar beneficios a la inversión extranjera de manera tal que los agentes controlantes puedan comprar más dólares de los que ingresaron, cuando remitan utilidades. Si las empresas en cuestión pueden aumentar sus tarifas (comúnmente vinculadas a servicios cautivos) más que el dólar la cuenta otorga una renta extra en dólares.

Se suele afirmar, en base a numerosos estudios, que el modelo dirigido por el capital concentrado y transnacionalizado que tuvo la Argentina entre 1976 y 2001, fue orientado a la valorización financiera, con preponderancia de los actores internacionalizados posicionados en servicios no transables, multinacionales de servicios con mercados cautivos, y de gran penetración en el sistema financiero de la Argentina. Por otro lado, la fracción del capital dominante en 2002, la gran burguesía industrial, estaba (y está) interesada en sueldos y costos locales bajos en dólares, y en generar ganancias mediante la exportación de bienes transables. Estas dos fracciones se ven enfrentadas nuevamente, y pueden visualizarse en cada posición pública respecto del valor del dólar. La extracción del capital vinculada al poder económico local teme en esta instancia una nueva re-apreciación del peso. Este sector es comandado por Techint, Arcor, Pérez Companc, Roggio, el grupo Clarín, entre otros (de hecho se encuentran todos ellos en AEA, Asociación Empresaria Argentina). Estos son los dos bloques en puja dentro de la cúpula, destacando que por ahora el primero de ellos, hoy corre con ventaja, y que esto no significa que el segundo pierda, sino “sólo” que no conduce el bloque de poder del actual modelo. La disputa aquí surge entre las multinacionales capaz de operar de manera disociada del ciclo de la economía, o incluso hasta estando más cómdas con la caída que con el crecimiento (por las pujas distributivas), y entre grupos locales que necesitan del mercado interno para moverse, incluso aunque muchos copien comportamientos de las multis. Los trabajadores, ausentes casi en este debate, salvo para movilizarse un poco en los hechos, a favor de los segundos. La política es el arte de lo posible, así que todo acto que ayude a organizar a los trabajadores, cabe ser destacado.

En tercer y último lugar, a la luz de una verdadera herencia de desendeudamiento, debe mencionarse que existe una cierta oportunidad histórica para construir un plan que apunte a transformar la estructura productiva industrial local o, al menos, algún sector en particular (o varios), revisando eslabonamientos y generando una estrategia productiva real. El endeudamiento en este momento puede usarse de distintas maneras que favorezcan el entramado productivo, por ejemplo creando escala sosteniendo el mercado interno gracias al ancla cambiaria, o bien generando fuertes niveles de inversión en sectores productivos claves por su capacidad para sustituir importaciones (el proyecto de inversión en litio en Jujuy podría adoptar estas características).

La amenaza es que se utilice la deuda como en 1976-2001, para potenciar la autopista de la fuga de capitales, éste es el verdadero fantasma de más de un sector social, y para toda la clase trabajadora en general. Sin ir más lejos, en el balance cambiario de BCRA (a octubre) se puede ver una fuga por formación externa y distribución de utilidades del orden de los U$13.460 millones, además se registra el ingreso de divisas por nuevos préstamos señala U$11.387 millones. En este lío de números, sobre una deuda externa nueva de U$44.000 millones (incluyendo nación, provincias y empresas del Estado), de los que cabe restar lo que ya se pagó a buitres y otros (como importaciones pendientes), la fuga descripta y un aumento de reservas del orden de U$12.000 millones, se puede suponer que hay un margen de varios miles de millones de deuda que aún no ingresaron al país, y que sumados al blanqueo ingresante, apreciarán el peso doméstico, o lo sostendrán.

En principio el presupuesto para 2017 prevé que los intereses de la deuda pública insumirán $247.328 millones (10,2% del gasto total y 2,53% del PBI), ello implica un monto 32,3% superior a 2016, que es el doble de la inflación esperada para el año próximo.

Comentarios

Anónimo dijo…
A primera instancia y tocando un solo tema hay mucho dinero en pesos en las lebacs que obligan a no devaluar tan de golpe, porque sino saldrian perdiendo los inversores de las lebacs y con esto perderia prestigio internacional el gobierno y ganaria varios enemigos tanto dentro como fuera.

La salida que tiene es no devaluar de golpe sino en muchas y seguidas etapas.

Lo que pasa que la economia ha sido llevada por el equipo de economistas mas infradotados, pero el mas currero, entonces siempre se han movido con factores encontrados y ni complemetarios, ni compensatorios, sino mas bien que responden a una logica pierdo pierdo, pase lo que pase siempre se descontrola el asunto, y se sale perdiendo mal, la unica ventaja a sido para los curro de ellos.

O sea tener mucho dinero de golpe para manejar, pero el mismo les a construido una terrible inestabilidad economica, pocas salidas tienes y si esque y ni las pienso comentar.

DEMASIADO CON EL DEVALUEN POCO Y SEGUIDO GILES.
Anónimo dijo…
Tanbien es una salida anunciar el quilombo, darle tiempo a que se salgan. Entre complices se entienden.

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