Primavera electoral de la Argentina 2015

¿Quién hubiera dicho hace 2 meses o 2 años que la primavera de 2015 previa a las elecciones nacionales, nos encontrarían con los mismos quilombos de siempre pero sin nada que haya detonado?

Posiblemente ni en el kirchnerismo había tanto optimismo en 2013.

No hay crisis, no hay bombas de tiempo, de hecho, no hay ni recesión (el Indec y las consultoras privadas dicen que se crece, en comparación con el mal año 2014, pero se crece, no hay recesión). La economía crece, la construcción crece, la UIA indicó que hubo un mínimo crecimiento y el desempleo se mantiene. La distribución del ingreso y la inclusión siguen mejorando (y la oposición pidiendo que sea peor: con ajuste y devaluación).

A este panorama hay que sumarle la buena elección en Tucumán. Que a pesar del quilombo es buena elección (y el quilombo tendrá algunos detalles ciertos, pero estrictamente lo generó la oposición, como ha quedado demostrado en el ridículo fallo que no pudo hallar irregularidades generalizadas ni claras, además de otros puntos más ridículos del mismo fallo). Y también hay que sumarle la muy buena elección en Chaco, donde el candidato del FpV sacó más votos que Scioli en las PASO (algo así como 352.000 y 326.000 votos, respectivamente).

¿Y entonces por qué el FpV no resulta un claro beneficiario de todas estas cosas, mejorando su diferencia para octubre en las encuestas y confirmando el triunfo en primera vuelta?

Una de las respuestas que se me ocurre es que el electorado argentino mira mucho el carisma de los candidatos. Y más allá del carisma de Scioli, que lo tiene, sin dudas no tiene los mismos atributos que Cristina o Néstor, que han sabido vincularse con el pueblo no sólo en base a palabras, sino también a decisiones que resultaron trascendentes para el conjunto (desde el desendeudamiento con el FMI hasta la AUH, pasando por la recuperación de YPF y el BCRA, entre otras tantas). Posiblemente, Scioli podría recorrer un camino similar, si quisiera. La base está. Pero todavía no tiene margen para recorrer ese camino porque no alcanza con palabras, requiere acciones concretas desde la presidencia. Hay que estar ahí.

En el otro costado, existe otro sector de la población muy fastidiado, e incluso indignado, con este gobierno (las trabas establecidas por el Estado parecen ser la principal razón). Que exacerba por contraste la figura de la presidenta pero no la del candidato del FpV.

Todo este combo nos lleva a que las elecciones tengan un escenario que no reviste gravedad ni pasiones fuertes en intensidad a favor del candidato oficialista, como sí en su contra. El opositor parece más intenso que el kirchnerista en esta época, pero mucho menos numeroso, por otro lado. Lo cual, también permite pensar en cierta pacificación de los sectores más contrarios al kirchnerismo si gana el candidato del FpV.

Todo está por verse, y lo que cabe festejar es que la democracia se está abriendo paso en un país donde hace tan solo 14 años un presidente tuvo que renunciar (y tres más luego).

Que esta vez el traspaso presidencial sea democrático, institucional, y sin crisis, es otra consolidación política lograda por el actual gobierno (no sólo en derechos, también en gobernabilidad), que pone estos 12 años en lo mejor de la historia de la Argentina. Además cabe esperar que está consolidación se profundice en los próximos años.

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