¿El poder convence? Contradicciones del #18F

Una de las cosas que a mí me llamó la atención, entre tantas otras, sobre la marcha del #18F es el aprendizaje que de todos lados se ha visto.

Desde los sectores que marchaban, se ha visto más tranquilidad que en otras marchas, mejor organización (¡además llovía!) que otras veces, menos agresiones escritas. Creo que empiezan a familiarizarse con la calle. Y es algo para celebrar. Vaya sino. En otras épocas, parte de estos sectores no salían ni invitaban a salir a la calle, directamente iban a golpear ciertas puertas, buscando atajos.

Desde los sectores que no fueron, también noté una forma más suave de referirse a la marcha que en otras ocasiones esos mismos dirigentes con marchas con las que no coincidían.

Hay un crecimiento. De todos lados. Y creo que hay que decirlo.

Otra cosa, ya más política que me llama la atención es por qué una persona que tiene un trabajo vinculado con servicios asociados al mercado interno (por ejemplo a la construcción, ponele) acompaña una mirada económica enfrentada con el mercado interno y el gobierno. Luego de que el actual período fue récord de crecimiento del mercado interno (por lo menos hasta 2013, como muestran las pruebas). Ésta sería la contradicción más estructural: gente que nada tiene que ver con el campo, con las exportaciones, con Techint, o con Clarín, o con intereses estadounidenses, entre otros, marcha coincidiendo con esos intereses. ¿Por qué? ¿Es aspiracional? ¿Es porque el poder convence? La verdad que no sólo no lo sé, es muy difícil (para mí al menos) persuadir a estas personas de lo que está ocurriendo, tal como me pasaba con la 125.
“Todo cuerpo A que ejerce una fuerza sobre un cuerpo B experimenta una fuerza de igual intensidad en la misma dirección pero en sentido opuesto”.

Entendiendo a B como el sector de la sociadad que marcha acompañando a las corporaciones, pero que nada tiene que ver con éstas, la pregunta es ¿por qué el cuerpo B se hace cargo si la fuerza no se ejerce sobre él? ¿O sí? En todo caso si no se ejerce hay problemas de comunicación social irresolubles (hasta aquí), y si se ejerce también hay un problema de comunicación, por cuanto a B no le queda claro que esta fuerza le convenga.

Después hay contradicciónes más coyunturales vinculadas a la denuncia, a la intromisión del PEN en el poder judicial, a la muerte de Nisman, que ahora están siendo mostradas (veamos por ejemplo lo que dice con lucidez Zaffaroni). A mí me preocupan mucho más las contradicciones estructurales.

Estas contradicciones para mí, alcanzan también a otros sectores. Una madre que recibe 4 AUH y es opositora a este gobierno. Por un lado cabe celebrar que tome esas asignaciones como un derecho, que le brinda el Estado y no el gobierno, pero por otro por qué no confiar en el gobierno que logró transformar al Estado para que pueda brindarle ese derecho. Es una contradicción, eso dije.

En este contexto, y respecto de estas discusiones, que incluyen (desde la lógica que intento plantear aquí) un vínculo entre los cambios estructurales que organiza el Estado y el gobierno que trabaja para este Estado y no para otro. Esta lógica toca la marcha del #18F con el Estado, y por supuesto con el futuro, y muy lamentablemente queda expresada en esta frase de Nelson Castro:

"El gobierno es incorregible, va a ser cada vez peor en actitud y tolerancia. La esperanza es para los que vengan. Porque esto también es un mensaje para los que vienen después. A ellos les va a corresponder honrar esto que la sociedad pide. Porque si no lo honra, al que sea poder luego del 10 de diciembre de 2015, la sociedad le va a pasar la factura".

¿Por qué Nelson Castro es el mensajero que interpreta a la sociedad y pasa en limpio el mensaje? ¿Es éste realmente el mesaje de la sociedad, o es de ciertos grupos desesperados por el cambio? Esto es otra cosa que podría ser una contradicción, aunque para mí sea de una brutal transparencia.

El contexto en el que se da este escenario es el de un gobierno que ordenó la macro para llegar cómodo al 10 de diciembre de este año.

Comentarios

Anónimo dijo…
Ordenó la macro es cierto. Pero al parecer no alcanzará con eso. Porque el atajo del que hablás sigue existiendo. Es el Poder Judicial. Y la verdad, no veo cómo el gobierno va a defenderse de esta ofensiva. Esto va a continuar escalando...no van a parar hasta llegar a Cristina. Están dispuestos a llegar y lo van a hacer. No hay nadie que los detenga. Se vienen tiempos terribles para el kirchnerismo.
gustavo piazza dijo…
Anónimo, aunque coincido con vos, dudo de que los tiempos por venir sean taaaan terribles. Ya no es Clarín, ni un golpe militar, pasa porque la Justicia en éste país está desprestigiada desde antes de Martín Fierro. Poner a la Justicia en contra del gobierno es un arma de un solo filo, que lastima al que pretende blandirla. La gente de barrio ya sabe el hijo del doctor, que violó a una nena de la otra cuadra, zafó, y que el vecino cayó en cana por ir en moto sin casco acusado de chorro. Y también sabe que el chorro de al lado de su casa no cae en cana porque la cana lo protege. Erigir como punta de lanza del ataque al gobierno a la Justicia pone a todos (menos, por supuesto, a los irreductibles, a los "tiene gusto a jabón, pero es queso") a favor del gobierno.
¿Terrible? No sólo me parece que no, además deberías pensar cuál es el aporte de todos para que no sea así, porque nada terrible para un gobierno puede ser bueno para una sociedad. Como ejemplo te traigo la salida anticipada de De La Rúa, en el corto plazo generó una situación social mucho peor. ¿O no te parece que De La Rúa podía devaluar con mayor orden económico y social que Duhalde tras la crisis? Claro, preguntemosnos a quiénes les convienen las crisis. No va a venir un Néstor cada vez que estemos mal (sería hermoso pero improbable), aprendamos de nuestra historia.
Tilo, 73 años dijo…
Estimo que cada nueva operación no hace más que ponerlos en evidencia. Y si "lagente" se mostró menos gritona Y ofensiva es simplemente porque sabe que después, en esos programas KKKKK quedarán escrachados como lo que realmente son: enemigos de la democracia y del respeto a las instituciones, a los votos y a las mayorías populares.
Y si hay unos cuantos que aún se dejan penetrar con placer, lo cual incluye aceptar la maléfica influencia del inefable Dr. Hubris, es porque aún después de 6 años la ley de medios audiovisuales NO está rigiendo como debiera y porque la corneta poderosa se ha visto beneficiada por "la justicia" con la no necesidad de su adecuación. O sea, ME CAGO EN LAS LEYES, EN LA LEGISLATURA Y EN LA CONSTITUCIÓN NACIONAL. EL PODER SOY YO. ¿O alquien creyó que la que mandaba era la Presidenta?
Por ese motivo, SEPULTARLOS debajo de una montaña de VOTOS es imprescindible. Que así sea.
Esther dijo…
Hola, Hernán

(Perdón por la extensión…)

Tu análisis apunta, me parece, más que a señalar las contradicciones, a buscar cuál es la lógica subyacente en el sistema, lógica con la que las contradicciones desaparecerían (por ser aparentes, ser contradicciones para el observador pero no intrínsecas al sistema).

En mi opinión, la cuestión radica en no interpretar la marcha del 18 (al igual que cacerolazos previos) como una movilización. La experiencia histórica es sobre movilizaciones, gremiales, políticas, sociales: movilizaciones.

Me explico con un ejemplo: la movilización contra el indulto de Menem, masiva como pocas. Convocada y organizada por múltiples organizaciones. En ella participaron los organismos de DDHH, gremios y columnaspolíticas, más muchísimas personas que se sumaron por las suyas, simplemente metiéndose entre las columnas allí donde encontraban un hueco o aplaudiendo desde las veredas. Entre otras, había una columna peronista (del mismo partido del gobierno, y al que habían militado para ser votado pocos meses antes) y otra radical. En ese momento, con la teoría de los dos demonios y las leyes de obediencia debida y punto final muy frescas, no eran muchos, de los que luchaban por el juicio y castigo a los genocidas, que “se bancaran” a los radicales.
Pero allí estaban, juntos. Diferencias profundas, contradicciones de toda naturaleza, pero que quedaba en suspenso durante algunas horas: había una consigna, una convocatoria a la que todos adherían por encima de sus diferencias. La movilización era una construcción social que superaba a las individualidades.
Como toda vez que se sale a la calle, se trató, también, de un hecho mediático y político, utilizable, capitalizable; pero la convocatoria era clara, contundente, explícita, y eso ponía límites a las interpretaciones o intentos de capitalización.

Esta marcha del 18, al igual que los cacerolazos anteriores, difiere sustancialmente de una movilización. Se convoca en forma anárquica, sin consignas claras, incluso cambiantes. Distintos actores llaman a marchar por las suyas y por consignas propias. Sí, fue más organizada que otras, es cierto (supongo que gracias a Moyano), pero buena parte de los asistentes no desean una organización real, no quieren que los políticos (o quien fuese) se apropie de su asistencia, no quieren estructuras convocantes, niegan el marchar de otra forma que no sea como individuos que se encuentran en la misma calle al mismo tiempo.
Esa falta de claridad en las consignas se traduce en banderas abstractas: justicia, libertad, democracia, así, en abstracto, en lo general; son consignas tan amplias que no hay forma de darle una interpretación inequívoca, única. Todos queremos justicia, pero ¿qué representa “justicia” para cada quién y qué le pide cada quién a la Justicia?
Así, esas banderas actúan ocultando los verdaderos motivos que tienen muchos de los convocantes y de los asistentes: están en contra del gobierno. Simple, sencillo: son opositores.

Creo que buena parte de las contradicciones aparentes, así como el que Nelson Castro sea el intérprete de la sociedad, surgen de allí: una marcha de individuos que no llegan a cohesionar como hecho social y que está convocada desde una confusión de consignas que no expresan los verdaderos motivos. Encima, los convocantes originales (los fiscales) no son los que recorren, post-marcha, públicamente, los medios de información, y los que lo hacen son los políticos que constituyeron figuras de segundo orden en esa convocatoria.

(Continúo)
Esther dijo…
(Sigo)

B es un cuerpo que sí recibe esa fuerza. Puede no estar formalmente aliado a muchas corporaciones, pero lo está, seguro, a una: los medios de información, de los que se nutre. Y eso avala el rol de Nelson Castro: él sabe que puede interpretar el mensaje de la marcha porque, en el fondo, ¡él estuvo ahí, organizándola desde el minuto cero!

Entiendo tu preocupación acerca de lo que denominás “contradicciones estructurales”. Creo que hay elementos profundamente enterrados en el imaginario colectivo; para dar un ejemplo obvio, no importa cuán bien le haya ido a un comerciante en estos años, luego de que casi lo arrasó el 2001-2003, si es antiperonista, es posible que no le dé crédito alguno a este gobierno y piense: «me va bien por mi esfuerzo, por el trabajo mío y de mi familia, no por este gobierno que es malo, malísimo». No hay “razones lógicas” que puedan esgrimirse, porque las razones que pesan son otras, son más profundas (también son lógicas, por supuesto, sólo que a otro nivel). No por nada las historias que cuentan distintas personas que, allá en el primer peronismo, pertenecían a familias de clase media-alta antiperonistas y luego cambiaron su mirada, suelen tener un elemento común: ese cambio de mirada no se inició por un análisis intelectual (en todo caso, eso vendría después) sino por un hecho determinado, quizás menor, azaroso, pero que los impactó emocionalmente: una pintada anónima en una pared, las lágrimas silenciosas de una empleada doméstica.

Abrazos,
Esther

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