El plan de reformas macrista, de espaldas a la historia y al desarrollo

El gobierno hace su propio diagnóstico de por qué no anda en el largo plazo la economía argentina. Y su manera de darle una solución es a través de un paquete de reformas. En este post ponemos en duda que los objetivos de la reforma se logren por la vía propuesta.

Esto no quiere decir que deba irse al otro extremo para ersolver la sustentabilidad argentina, de hecho el kircherismo exageró en cargas impositivas sin coordinar con los contribuyentes para que estén de acuerdo con pagarlas. De hecho, la sustentabilidad argentina, en este blog siempre se vinculó con la coordinación de factores, impuestos, servicios, industrialización, distribución del ingreso. La imposición en extremo no suele ser sustentable. De esto pecaba el kirchnerismo mientras mejoraba la calidad de vida, y también parece pecar el macrismo, mientras ajusta y transfiere ingentes ingresos desde los trabajadores hacia los empresarios, sobre todo transnacionalizados.


En los medios locales se resumió la propuesta. 

El presidente presentó los ejes de la reforma que pretende aplicar hacia el futuro. "Hoy quiero proponerles tres ejes a partir de los cuales podamos construir concesos básicos para reducir la pobreza. Que es la meta por la cual pedí que se evalúe a mi gobierno".

• Primer eje: responsabilidad fiscal, inflación e impuestos.

"No podemos gastar más de lo que recaudamos. Tenemos que seguir bajando la inflación y diseñar un sistema de impuestos equitativo y sustentable".

• Segundo eje: favorecer el empleo.

"Creemos en el trabajo como eje de las personas. Necesitamos más trabajo para millones de argentinos y reglas que fomenten el empleo privado formal".

• Tercer eje: República y calidad institucional

Debemos construir un Estado que no esté al servicio de la política ni de sus gremios sino al servicio de los argentinos". "Esto incluye reformar en las justicia y en el sistema electoral".

"Sobre el primer eje, lo que llamamos responsabilidad fiscal significa que durante mucho tiempo los argentinos no pudimos equilibrar el manejo de nuestras cuentas públicas. No podemos gastar más de lo que entra. Debemos acordar un camino entre Nación y Provincias para acercarnos al superávit de las cuentas públicas. Esto no es negociable".

A continuación se pone en duda, con algunos gráficos, que el ajuste signifique una mejora tanto en PBI per cápita como en otras variables. Esto, insisto, no quiere decir que deban cobrarse más impuestos, sino que debe realizarse pactos fiscales donde se acuerdo el modelo de país de largo plazo que se quiere, y cada cual está en libertad (si me permiten parafrasear a Henry Ford) de proponer el modelo que mejor le parezca, pero ese modelo debe mejorar la industria, y sus exportaciones.

Vamos con los gráficos en cuestión (click para agrandar).

Como se puede ver en el primer gráfico el gasto público consolidado (total nación, provincias y municipios) subió entre 2002 y 2015, mostrando este último año un récord.



Los salarios reales, mejoraron durante el período ocurrido entre 2002 y 2011, para luego sostenerse en buenos niveles hasta 2015. De hecho si ahora la discusión es cómo bajarlos es porque los empresarios no acuerdan en su alto valor, dado que si bien bajaron desde 2015, siguen bastante alto en relación a la serie histórica.

Empezamos a ver que no hubo deterioro mientras subieron los gastos del Estado. Pero sí hubo malestar del capital. ¿Entonces? Lograr que el capital no sea tan agresivo contra el modelo, sobre todo aquél que ingresa divisas al país. Esto requiere pactos y acuerdos, no imposición: ni a favor del capital ni a favor de los trabajadores.


Puede verse que las jubilaciones reales lograron uno de sus puntos más altos en 2015, durante el año de mayores gastos públicos, en relación al PBI. Esto además mejoraba el mercado interno vía una robusta demanda agregada.


Otro mito vinculado a lo anterior es la idea de que el empleo de calidad empeora con altos impuestos y gasto público. Si tomamos el empleo industrial como proxy del empleo de calidad (no siempre lo es), vemos una relación directa entre su aumento y la suba del PBI per cápita. En 2016 este indicador muestra un retroceso, tal como en 2014, por ejemplo.


Tomando datos de distribución del ingreso, notamos que las mejoras en el PBI per cápita acompañan una mejor distribución del ingreso. Es lo mismo que decir, en nuestra sociedad con una alta propensión a consumir, el gasto público genera una multiplicación del consumo bastante alta que expande la demanda y genera un ciclo de crecimiento vigoroso (que encuentra su límite en la necesidad de divisas para su sustentabilidad).


Finalmente, se habla de reducir los aportes patronales para mejorar la dinámica de la economía. En el siguiente gráfico se nota que los niveles más altos ocurrieron hacia el final del ciclo kirchnerista. Esto no se vincula con un PBI per cápita en caída o un peor salario.


¿La conclusión? No es tan sencillo. Lo primero que quería decir es que mejorar las ganancias empresarias vía ajustes no tiene relación, a la vista de nuestra historia económica, con mejoras productivas o sociales. Tampoco tiene sentido aumentar impuestos a lo que dé. 

Nuevamente la solución es política: coordinar intereses, objetivos, niveles de presión tributaria, siempre buscando estabilidad en el largo plazo, con un plan industrial que haga pié en las exportaciones de valor agregado, con niveles de distribución del ingreso que no hagan intolerable la inflación, con regulación financiera y niveles de deuda que no comprometan la independencia económica, impidiendo la toma de decisiones del Estado. 

Nadie dice que sea fácil, pero aprendamos de la historia, no repitamos (para decirlo polite) los mismos errores que en las épocas más regresivas del país.

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