Primer mes de Macri: lo político, lo simbólico y lo material

La previa, la representación

En general los gobiernos buscan construir una base de representación, que la mayoría de las veces coincide con la característica del voto, influido por la campaña electoral, pero a medida que pasa el tiempo, esa representación, va ampliando y modificando sus límites.

Así fue como CFK buscó representar el interés de su núcleo duro desde 2011, que no sólo tenía que ver con los sectores medios que apoyaban la construcción de la identidad del gobierno sino también con sectores postergados de la sociedad a los que se les otorgó mejoras en jubilaciones y otros derechos monetizados.

El área gris o difusa en la representación del gobierno de CFK estuvo conformada por una mejora del ingreso real de estratos medios bajos que no lo pedían explícitamente, sino que el pedido visible surgía del núcleo de sectores medios que apoyaban al gobierno interesados en esas mejoras; de aquí surge el eufemismo de la grieta en la clase media. Cabe destacar que todos los sectores quieren mejoras, pero no es lo mismo la exigencia de un sector productivo o trabajador que sabe cómo lograr esa mejora, que la de un sector postergado o precarizado.

El macrismo tiene un núcleo duro muy distinto, conformado por sectores vinculados con el extranjero (multis y bancos extranjeros), con exportadores de commodities que piden menos intervención del Estado, con grandes empresas que piden menor salario real y no tanta libertad económica como los anteriores, y con enemigos ideológicos del gobierno anterior, donde a los anteriores se suman capas altas urbanas, parte de medias y un poquito de capas bajas de la sociedad. El gris está en que estos últimos no siempre tienen un interés material vinculado con los agentes económicos de peso, mencionados.

Lo político, la madre de todas las disputas

En la Argentina las decisiones se toman desde el gobierno, no suele haber una causa clara en las presiones sociales cuando se redistribuye el ingreso con equidad desde el Estado, y sí la parece haber en las presiones de los sectores concentrados cuando mejoran las ganancias de las empresas. Y en este caso, los grandes capitalistas que habitan la Argentina están apurados. El debate aquí es cuál política perjudica más o menos al sector menos representado en su interés, por cada gobierno.

Lo político apunta, en este caso, por hacer una defición ad-hoc, a la organización de intereses sociales, lo que genera un impacto en la conformación de las bases de apoyo de cada gobierno. Esto en la historia argentina tuvo una fuerte impronta de arriba hacia abajo, siendo el Estado el principal promotor de una forma de organización y no de otra.

Por ejemplo, no es lo mismo organizarse para promover la justicia social, que para potenciar las ganancias empresarias de grandes empresas extranjeras, locales, con interés en el mercado interno, o con agentes económicos que apuntan a las fronteras (tanto para exportar granos como para remitir utilidades y dividendos).

La promoción estatal actual apunta a consolidar una organización de intereses que incluya un nivel de ganancias/ rentabilidad que conforme al sector de multinacionales (en dólares), al sector financiero (con énfasis en el privado extranjero) y a los exportadores del campo, lo cual deberá encontrar algún consenso con grandes empresas locales, también orientadas al mercado interno. Esta lógica tendrá su conflictividad con los sectores sociales trabajadores o que reciben ingresos del Estado (como jubilados y otros derechos sociales). Es la misma conflictividad de siempre con la diferencia no menor dada por un rol del Estado que cambia su sentido abruptamente, modificando el eje de poder desde la contención sobre grandes empresas hacia la luz verde para que éstas dominen la escena.

Batalla económica, simbólica y cultural

En línea con las bases de representación de Macri, con su voto, se avanzó en cuestiones que tuvieron un fuerte arraigo en el imaginario de estos sectores. De este modo, el avance está dado en expulsar mano de obra del Estado, destruyendo puestos de trabajo (echando sin tomar nuevo empleo), bajo el eufemismo de instalar que toda ella se conforma por "ñoquis", en derribar regulaciones que "impedían" la libertad de expresión y la de prensa, en achicar el rol del Estado en su carácter de interventor en la distribución del ingreso, permitiendo que el mercado recobre su papel como asignador de recursos de la economía. El objetivo es bajar el salario real de las grandes empresas, y los costos en dólares del campo, ello sólo opera concentrando la economía y requiere un mayor desempleo privado y público para realizarse.

Pero en ese contexto, el avance que restaura una agenda que le gusta a EEUU para el país, también toca hitos culturales y simbólicos. Se echa del Estado a los que tienen una mirada reconocida sobre cuestiones distributivas y culturales que no acuerdan con el actual gobierno. Se avance en un plano de desmovilización social, que como primer resultado se resiste, y aguanta, y se muestra en espacios públicos, pero que en el largo plazo es difícil de canalizar elctoral y partidariamente.

Esta búsqueda tiene que vincularse con algunas cuestiones claves. Primero la búsqueda de restaurar el discurso único. A diferencia de lo que hizo el gobierno de 2003 a 2015, el actual gobierno busca que no haya voces de peso en contra. Lo busca con distintos mecanismos y tiempos, pero que se evidencia en la uniformidad de voces que se va construyendo en los medios.

Si culturalmente se puede decir que el bajo desempleo es el corazón de la organización social y la movilización de distintos sectores para lograr mejoras populares, la contraprte de esto es el endeudamiento público externo en dólares, que funciona como pulmón de medidas de concentración del ingreso para liberar divisas y garantizar el repago (vía menores importaciones), desmovilizando a la sociedad y empobreciendo su diversidad cultural, alejando a los colectivos del espacio público.

Por suerte, esto nunca es un punto de llegada, son búsquedas, y la sociedad argentina está acostumbrada a abrirse paso, su cultura, sus personas, sus sectores trabajadores, humildes y populares, han logrado a lo largo de la historia mostrar que jamás se rinden en este territorio nacional.

El Estado

En línea con esto último, surgen los hechos más importantes del nuevo Estado macrista. El Estado siempre genera un dominio político, y el gobierno siempre tiene una posición activa, tanto para ocupar un rol de intervención como de liberalización. El Estado mínimo surge de decisiones políticas del gobierno, no de la casualidad.Así es cómo opera el gobierno, con funcionarios vinculados con una claridad liberal que la Argentina no tuvo en su última década. La pregunta es si el gobierno sabrá acompañar de burócratas con conocimiento institucional para lograr esa apertura sin perder gobernabilidad. El Estado extremo no suele funcionar, y aunque algunos se dan cuenta, la clave está en el equilibrio que construyan para darle sustentabilidad.

Actores en disputa

Como se viene diciendo: trabajadores, multinacionales, sector financiero local o extranjero, sojeros, automotrices, alimenticias, grandes empresas locales, medios de comunicación, partidos políticos, Estados Unidos, China, Rusia, ONGs, países del Mercosur, o de la Alianza Pacífico. Todo ellos juegan un rol en el tablero de juego local, a efectos económicos con un impacto en el balance de pagos, a efectos políticos y sociales con una mayor o menor ventaja en el poder adquisitivo de los ingresos de sectores trabajadores, o una mayor o menor ganancia de empresas y productores. Esta última disputa es la que se dirime en el orden de asignación de precios y cantidades, y de la falta de consencos entre estos actores (sumado a un empate de poder) es que surge la inflación.

El resultado material de las medidas

Con el tiempo se supone se tenderá a una fuerte concentración del ingreso, especialmente si se tiene en cuenta el contraste con la actual etapa.

La primera movida se relaciona con una devaluación y una baja de varios impuestos, acompañadas con un aumento de la tasa de interés. Todo esto no puede más que enfríar primero y concentrar después la economía, golpeando en primer lugar en los trabajadores de comercios informales (y por tanto más fácil de expulsar del trabajo), y en segundo lugar a empresas vinculadas con el consumo masivo y a todos los trabajadores con ingresos en pesos y sin capacidad de ahorro que verán reducido su acceso a cantidades de consumo. En tercer lugar es posible que también se vean afectados los sectores con derechos cuyos ingresos dependen del Estado.

Esto va a llevar un tiempo. Pero se trata de un plan de ajuste procíclico: el déficit fiscal agravado por las bajas de impuestos se va a cubrir con endeudamiento en dólares y con quita de subsidios a las tarifas de servicios (cosa que de alguna forma también reduce el salario real), esta deuda va a presionar al alza las tasas de interés reales, así va a haber menos gente con ahorros y esa gente tendrá incentivos a su vez para gastar menos, generando un ajuste por aquí y por allá, que provocará una menor recaudación que generará un círculo vicioso, que a la larga se estabilizará en un equilibrio de mayor desempleo, peor distribución del ingreso y menor gasto fiscal real.

No será inmediato en términos macro. Se verán algunos despidos en el sector público, lo cual cuenta con una parte de la sociedad que lo apoya. Por otro lado los despidos en el sector privado no serán tan visibles porque eso es una evidencia injustificable del ajuste. El discurso único aquí opera un lugar central. Sin embargo, todas estas cosas jugarán un rol determinante en las negociaciones paritarias de este año, tanto por la conflictividad sindical que eso genere como por la inevitable baja del salario real en el corto plazo.

Construcción de alternativas

El peronismo está adaptándose al cambio. Tiene experiencia en ello, esto no va a ser el problema. El problema en todo caso es si se quiere que esa adaptación tenga un color determinado. No es lo mismo que dentro del PJ ganen los sectores más ortodoxos, que si ganan los más kirchneristas, no es lo mismo a su vez, un PJ que avance sobre el FpV, que un FpV que domine las riendas del PJ. Esto está por verse. Las expresiones que requieren mucho todavía para hallar una síntesis, sin embargo, ya se empiezan a ver: reuniones de cúpula del PJ ortodoxo, un Scioli que no juega junto al PJ ortodoxo abiertamente, Cristina que dice volver a jugar bastante pronto (no se sabe qué quiere decir aún), sindicatos que se reencuentran con su mensaje (discutir con la patronal), trabajadores que buscan cómo organizarse, presiones para la unificación del movimiento obrero, ex funcionarios que juntan mucha gente en plazas, el radicalismo más kirchnerista que no se baja de este juego, la militancia que sigue organizándose y sufriendo los cambios, un periodismo que debe reconfigurarse para seguir haciendo lo que sabe, etc.

De todo esto debe surgir una síntesis, una síntesis que sin dudas deberá enfrentar un Estado que desmoviliza a la sociedad, por lo cual se supone que los sectores sindicales, con experiencia organizativa, tendrán un rol más relevante en la alternativa futura si se compara con el que tuvieron en la expresión para la continuidad del oficialismo kirchnerista. Falta mucho por ver, pero analizar estos temas es central para promover esa síntesis, esa nueva organización, con una conducción, y noción de acciones que lo favorecen para que se consolide una fórmula competitiva en el corto plazo.


Finalmente 

El gobierno no tiene una agenda de desarrollo para organizar desde el Estado. Se ha perdido la oportunidad de consolidar un Estado con capacidad de planificar y orientar la inversión apuntando a objetivos económicos, sociales, de balance de pagos, etc, que generen una economía sustentable con menos propensión a crisis futuras.

¿Por qué? Porque se está liberalizando la regulación financiera, la regulación al ingreso de capitales, la regulación para planificar la inversión hidrocarburífera, la regulación laboral, la regulación de medios, la regulación impositiva, y el definitiva el poder del Estado de asignar recursos, con las sabidas consecuencias sociales y económicas.

Por ende, se trata de una posición política vinculada con lógicas ortodoxas que a lo largo del tiempo profundizan la pérdida de soberanía y la capacidad del gobierno para tomar decisiones. Entonces, la duda es si la gobernabilidad de ese sistema podrá sostenerse en el tiempo, especialmente si tenemos en cuenta que la legitimidad de origen para estos cambios tan profundos no es más que un balotaje con menos de 3 puntos de diferencia.

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