¿Sarasa o creación de sentido? Año electoral

“ninguna sociedad se propone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes o no estén, al menos, en vía de aparición y de desarrollo” Gramsci.

En general las opiniones periodísticas vinculadas a los armados electorales tienen mucho de intuición respecto de lo que quiere cada candidato. No hay mucha ciencia.

Quizá sea un defecto de mi propia formación, que si bien soy politólogo, dediqué muchos años desde el final de la carrera hasta hoy, 15 años después (maestría y trabajos incluidos), a entender cómo se estructura econonómicamente una sociedad en base a su realidad, al rol del Estado y a la posición de sus jugadores dominantes. Esta orientación personal me hace suponer que es más simple entender cómo funciona la estructura económica de nuestro país, porque es algo más objetivo (más allá de que mi mirada con pretensión heterodoxa no tenga consenso en el mainstream), que cómo piensan los candidatos a uno u otro cargo.

Es decir, hay más estadísticas duras (siempre debatibles) sobre cómo está la economía que análisis psicológicos-sociales de los candidatos, en un contexto de disputa estratégica. Y de haber algo de esto, no tiene dureza empírica alguna.

Dicho lo cual, a mí me sorprende cómo se hacen análisis que casi siempre superan los diagnósticos de los mismos candidatos. Y que claramente son tenidos en cuenta por éstos para dar sus siguientes pasos.

Ya no es sólo una presión de un grupo mediático con una clara posición partidaria. Lo que intento decir va más allá. Tiene que ver con la inmensa cantidad de profesionales de las ciencias sociales que tiran fruta a diario sobre qué ocurre en la realidad política del país.

Tampoco me los quiero poner en contra, hay análisis que son muy buenos, que realmente ayudan a comprender. Pero mi punto es otro: muchas veces la creación de sentido político responde más a las interpretaciones de los analistas que a las intenciones de los propios sujetos de esa creatividad política. Por ejemplo, a veces pareciera que los analistas, los cientistas sociales, se adelantaran al propio pensamiento de los actores políticos en disputa.

¿Y entonces? No, no cambia casi nada. La realidad es una construcción social, así que está bien que la construyamos. Qué sé yo.

El otro día Luis Majul sostenía que Macri había dicho
"Hace años que aparecemos en los diarios. Aunque más no sea por lo que leen y escuchan de manera superficial, saben qué queremos y qué intereses representamos. Por eso la final va a ser entre nosotros dos. Porque no hay tiempo ni espacio para las novedades políticas".
De esto llama la atención que el mismo Macri esté produciendo sentido político, cuando nunca antes lo hizo. Y posiblemente tenga que ver con que se dieron cuenta que el electorado percibe cuando alguien no tiene convicciones políticas profundas o propias. Un pequeño pasito hacia la importancia de los contenidos, del sentido político, de la capacidad de transformación.

Y en Radio 10 Macri dijo que
"Les dije, con todo respeto (al "círculo rojo", que serían grandes empresarios), que ellos no entendían de política, que tenían que respetar el trabajo que venimos haciendo hace 10 años (...) Yo no les digo como trabajar en su fábrica, ustedes no me digan como armar mis equipo". 
Vaya firmeza (?). Lo único claro con eso es que no hay claridad sobre cómo lograrlo, aunque no está claro si coinciden en qué lograr, pareciera que sí. "Yo sé cómo hacer lo que ustedes quieren, mejor que ustedes" pareciera decir el alcalde porteño. Es muy fuerte. La construcción de sentido, perfora un montón de sinsentidos.

Interpretando, asimismo, la interna oficial, pasa algo interesante, Scioli y Randazzo dentro de las PASO juegan para potenciarse. Randazzo sería menos sin Scioli, y Scioli también sería menos sin Randazzo. Suelo decir (acá), desde 2013, que el peronismo está acostumbrado a la unidad, al consenso (más allá de cómo llega a ese consenso). Vamos a ver qué pasa. 

Por el lado de Massa y Macri aunque estén separados el objetivo parece ser uno sólo: ganarle al peronismo. A este peronismo, a este peronismo kirchnerista, que es peronismo, y es kirchnerista.

Aunque vayan por separado M&M sus estrategias buscan potenciarse también. La lógica indica que si llegaron separados a la general es con el único objetivo de sumar la mayor cantidad de legisladores, porque saben que de cualquir modo el ejecuitvo no lo ganan.

En general siempre hay mínimo dos patas para un armado, para un candidato: el consenso entre los dirigentes de la misma fuerza partidaria, o coalición, y la opinión pública. Con fortaleza en una de las dos patas se puede apostar a forzar la otra. Aunque como decía Gramsci, la pata social-cultural tiene siempre una potencia superior. Cristina logró conducir la pata dirigencial gracias al apoyo social. Hoy, antes de las PASO nacionales la disputa principal del FpV tiene que ver con la pata interna, el consenso entre propios. Por el contrario, el PRO (o como se llame la alianza conformada) tienen su búsqueda principal en el apoyo social.

Todo esto no deja de ser una interpretación de la realidad, con la pretensión de darle un sentido a la misma. O sea, sarasa.

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