Las políticas de Estado

Me interesa volver sobre un post viejo donde reflexionaba sobre las “políticas de estado”, un refrito, digamos. Se entiende por política de estado, aquellas políticas que forman parte de las estrategias centrales de un país.  Son políticas que no varían a pesar del color político-ideológico de cada gobierno.

Encontrar consenso para el establecimiento de políticas de largo plazo no es tarea fácil. A algunos nos gustaría que la re-distribución equitativa de la riqueza, la justicia social, el combate sobre el hambre y la pobreza, la promoción de las economías regionales, el crédito accesible para las unidades productivas pequeñas y medianas, el fortalecimiento de las cadenas de valor en industrias estrategias en función del desarrollo económico y social, la educación pública, la salud, entre tantas otras, sean políticas de estado.

El problema es que otros no coinciden: sostienen que las políticas de desregulación neoliberal (encubiertas o explícitas) de distintos mercados tienen que ser políticas de estado.

Suele escucharse que el gobierno no ha logrado establecer la construcción institucional que consolide el largo aliento de varias de las medidas tomadas, por lo cual aún es difícil clasificar las estrategias políticas del oficialismo como políticas de estado. Asimismo, la volatibilidad del consenso político argentino hace altamente probable que futuros gobiernos no acuerden con esta recopilación (ya sea en todo o en parte). Por tanto, son discutibles las condiciones para sostener que unas y no otras sean políticas de estado.

A veces da la impresión de que el Estado argentino es tratado como un ente superpoderoso que se puede conducir sin política. Por lo menos, así lo tratan gran parte de la derecha (política y mediática), criticando al gobierno por no establecer políticas de estado (más allá del contenido de ellas revisado más arriba), en la suposición de que los burócratas administrativos del estado no tienen vinculación política alguna, y una vez echada a rodar la “política de estado” el problema para la implementación pasa a ser meramente administrativo.

Este tipo de manifestaciones no son objetivas, por supuesto. Tienden a separar (idealmente) política y administración pública, política y economía. Como si fueran esferas que pudieran trabajar independientemente. Este tipo de postulados provienen del neoliberalismo, cuyos ideólogos -noventistas argentinos- esperaban que los modelos económicos no sufrieran desvíos políticos. Se trata de la falacia de no contemplar la importancia de la política en el establecimiento de medidas “desregulacionistas”. Son concepciones que veneran la lógica de la convergencia, pero no entienden que las mismas instituciones pueden generar, a su vez, resultados distintos en diferentes países, como si fuera un flipper, donde la bolita sale para distintos lados aunque la tires con la misma fuerza. 

Los postulados neoliberales parecen repetir las necesidades del poder económico, y, por el contrario, no dimensionan correctamente el peso del consenso, la inclusión social -y política- y el conflicto en general, en la construcción institucional que lleve al país a niveles menos volátiles sobre el rumbo de sus políticas. Cabe suponer que por su falta de atención a estas grandes cuestiones se derivó en el fracaso de 2001. Por tanto la reconstrucción institucional actual no puede darse sin tenerlas en cuenta. Una Constitución Nacional que recupere los artículos 37 al 40 de la CN de 1949, sería muy interesante porque sería la manera democrática de lograr el mayor anclaje a un proyecto de inclusión. Pero requiere de la constitución de una relación de fuerzas que lo permita.

En definitiva, en la medida que exista un sector de la población con necesidades básicas emergentes y otro sector que (de alguna forma) sea reticente a perder privilegios, hablar de políticas de Estado es un eufemismo para congelar una situación, impidiendo el natural conflicto de una sociedad que puja entre los sectores acomodados y los sectores vulnerables. La desigualdad y las divisiones internas es un factor que impide las políticas de Estado.

No obstante, mientras este conflicto continúe (lo que llevará un arduo y largo tiempo) es pertinente anclar con el mayor vigor posible las políticas de desarrollo económico "mercado internistas" que traen aparejadas inclusión y bienestar social.

Comentarios

Anónimo dijo…
Lo que se ha ido reproduciendo sin solución de continuidad como una epidemia imparable y que eufemísticamente ha sido denominado neoliberalismo, precedido por ese falso "fin de las ideologías", es el crecimiento acromegálico de corporaciones sin patria ni corazón. Las tan cacareadas "multinacionales" de miles de tentáculos en todos los rubros que, a pesar de tan aparente diversidad, son en realidad un reducidísimo grupo de intereses que se ubican por encima de las políticas de cualquier país.
Ellos son "la derecha internacional" que trata de impedir por cualquier método, sin importar que sea ético o no, el despuntar de democracias populares verdaderamente independientes. Tienen CASI TODOS los medios a su disposición para distribuir mentiras y conspiraciones entre los desapercibidos.
En nuestra Argentina felizmente con muchas reivindicaciones realizadas en los últimos 9 años, tenemos no obstante, a varios representantes de esa runfla de rufianes mentirosos, algunos sumamente poderosos.
Es por la acción de esa lacra que resulta muy difícil establecer políticas de estado verdaderamente duraderas. Los antipatrias vernáculos, como lo he manifestado en distintos comentarios, no constituyen adversarios políticos sino ENEMIGOS DE LA ARGENTINA.

Faltan 51 días para el 7D.

Saludos
Tilo, 71 años
Gracias Tilo.
Lo que más valoro de este 17 de octubre, con todo lo que implica, es la cantidad de jóvenes que están diciendo Feliz Día. Se puede ver en la calle, y se refleja en las redes sociales.
En la juventud que levanta las banderas peronistas de justicia social, independencia económica y soberanía política hay una batalla cultural ganada, un gran triunfo nacional y popular, y un ancla a un país inclusivo que va a ser muy difícil levantar.
La Argentina necesita estos cambios, linda hora para vivir la realidad argentina.
Viva Perón.

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