Néstor, Cristina, lo malo, lo bueno, lo de más allá y la oposición...

Hace poco más de un año, Cristina hablaba en el Luna Park. En ese discurso militante dijo una frase que le pungueó al marido:

"no nos critican por las equivocaciones, nos critican por los aciertos, por las buenas políticas, por la equidad, por la igualdad, porque no hay más impunidad en la República Argentina, por eso nos critican compañeros, y si es por eso que sigan criticando, que sigan criticando".

Néstor solía decir algo similar. Decía que ojalá la oposición supiera marcar las cosas que el gobierno hace mal, porque eso sería de utilidad para todos los argentinos.

Pero esta oposición es inútil políticamente, por cuanto no sabe ni siquiera plantear o construir un discurso o relato alternativo. Es posible, aunque no sea socialmente difundido, construir un relato alternativo a la propuesta del oficialismo, pero hay que tener capacidad política para lograr eso.

Los relatos políticos son inclusivos, aunque la realidad (y las intenciones, como en los noventa) no acompañe, los relatos son abarcativos de todos los sectores. Actualmente, el gobierno logra que su relato empalme con la realidad y esa pretensión de inclusión obtenga un sentido social muy poderoso, que se traduce en acompañamiento electoral. Un discurso alternativo, lógicamente no lograría ese empalme con la realidad, pero sería el inicio de una propuesta alternativa. 

Un Estado que intervenga menos, una libertad comercial que promocione la inversión, políticas de seguridad verticales y puntuales, limitaciones a la emisión monetaria, disminución del gasto social para la disminución de la tasa de interés que promueva la inversión, aumento de la tasa de interés para enfriar la economía, políticas sectoriales profundas, cadenas de valor, formación de precios, (des)concentración de la economía, profundizar la mejora del sistema de salud y de educación pública. Hay muchos temas para construir un relato vinculando (algunas de) éstas y demás variables. Pero no. Prefieren ir a jugar de visitante, se meten con lo que la sociedad aprueba y celebra, y pierden. No comparto muchas de estas cosas, pero es una alternativa posible en la medida que sea cimentada sobre una idea homogénea (neoliberal o socialista).

¿Cómo en su sano juicio Miguel Del Sel puede plantear una crítica a la Asignación Universal por Hijo porque genera disfunciones sociales? ¿Cómo se le ocurre atacar la política social más favorable de las últimas décadas?

Y a través de la prensa concentrada se atacan otros íconos de estos tiempos. A Moyano no se lo ataca por sus grises personales, sino porque el empresariado detesta tener que interactuar con alguien con semejante poder de negociación, siempre encima de ellos y poniendo en duda sus acciones empresariales. A Moyano se lo ataca por ser un fetiche del regreso de las negociaciones paritarias y la recomposición salarial. El problema también pasa a estar dado por la manera cómo Moyano se maneja con los medios. Pero el ataque es por otra cosa, es al modelo.

Una situación similar ocurre con los ataques a Moreno (claramente sin los cortocircuitos mediáticos con la presidenta). Un militante del modelo desde la gestión. Y en este sentido se podrían analizar los ataques a Aníbal Fernández, a Boudou, a La Cámpora, a ciertos gobernadores.

No está todo bien, siempre existe espacio para mejorar cosas. Pero aquí los ataques no construyen un relato alternativo, sino que sólo intentan -sin éxito- destruir el relato oficial. Todos estos actores o dirigentes son atacados por lo que representan en la construcción del proyecto político oficial, aprovechándose de sus grises, errores o limitaciones (reales o inventados).

Los atacan porque algo en el modelo les jode. Y no es lo material. Es una discusión de poder. El gobierno está tomando decisiones que no tiene al poder económico concentrado como protagonista de las decisiones. Eso les jode. Es ideológico. Entonces, no hay dudas: que sigan criticando.

El problema es que no sólo critican, también entorpecen las acciones del gobierno, como ocurrió con el Proyecto de Ley de Presupuesto de 2011. No es una alternativa, proponen el precipicio, la caída. Cosa que también puede verse en los spots: ¿en qué publicidades está la alegría y las historias de amor y bienestar social? 

Realmente lo mejor que le puede pasar a la Argentina es una oposición que presente una alternativa, que permita pensar opciones para corregir el rumbo (si embocan una y realmente corresponde), o mejor aún sería un estímulo para mostrar que el camino correcto es el que se viene transitando desde 2003, y marcaría la necesidad de agilizar el contraste dotando de otra velocidad a la Fuerza de la Política. 

Profundizar el cambio, institucionalizarlo, no olvidarnos de lo que tanto mal le hizo a la Argentina en la larga década del noventa, parece tener su desafío más terrible y paradójico en la inexistencia de una oposición identificable con alguna idea completa, para que se pueda apurar el contraste y consolidar el proceso de cambio. 

La oposición va camino a una derrota sin orgullo ni decoro. Va camino al vacío.

La oposición actual le debe realmente mucho a la sociedad argentina. Mientras tanto, la Argentina apuesta a cuatro años que consoliden una lógica de inclusión y justicia social sustentable. Me gusta la idea de que este gobierno le ha devuelto a la ciudadanía con creces la confianza política depositada en él. Y los que militamos por la concreción de estas ideas, le debemos mucho a Néstor y Cristina. Nos devolvieron la vida política.

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