Informe de la CEPAL sobre pobreza en América Latina

Salió un informe de la Cepal denominado "Panorama Social de América Latina 2012. Documento informativo", y me pareció interesante pegarles algunas cositas. De todos modos, se recomienda entrar en los links para una mirada completa. Allí hay un análisis de la (des)confianza en las instituciones para modificar la distribución del ingreso en cada país. 

La pobreza en América Latina siempre me pareció muy difícil de medir, porque una mejor distribución del ingreso no cambia automáticamente las condiciones de vida de la población. Como contracara de esta idea, cabe ver lo que ocurre en Europa actualmente, donde un aumento de la pobreza no se traduce en peores condiciones de vida. Es decir, que menos pobreza no necesariamente implique mejores condiciones de vida en la misma proporción.

En este sentido, el orden estructural respecto de la riqueza y la necesidades básicas de la población requieren de una consolidación por parte del Estado, cuyo rol entonces es imprescindible en la generación de condiciones de vivienda y hábitat que reflejen igualdad y bienestar social, con el largo plazo como objetivo. Es por ello que cabe defender la distribución del ingreso (y el crecimiento económico que lo viabiliza) como piedra fundamental de una construcción más amplia que implica atender la pobreza estructural y las necesidades básicas de la población.

De este modo, el ciclo virtuoso del aumento del consumo que genera un aumento de la demanda agregada, en el marco de una administración del comercio exterior a favor de la producción nacional, es el camino imprescindible para que los países subdesarrollados, como la Argentina, mejoren sus condiciones de vida, fortaleciendo el mercado interno y generando con el tiempo una estructura productiva más densa, crecientemente industrializada, con más trabajo, de mejor calidad y, por tanto, con mejores sueldos.

En ese círculo virtuoso cabe destacar la funcionalidad de los subsidios al consumo y al bienestar (como la AUH en la Argentina) que no sólo mejoran los ingresos de las familias sacándolas de la pobreza en algunos casos, mejorando el acceso al consumo, a la educación, a la salud y por tanto al bienestar, sino que también, y fundamentalmente, fortalecen la generación de bienes y servicios promoviendo el trabajo nacional, que es el verdadero acceso al bienestar social estructural.


Con estas opiniones preliminares, les dejo algunos extractos del texto de la Cepal:

En este marco, el Panorama Social de América Latina, 2012 se ha dividido en dos partes. La
primera incluye los capítulos I y II sobre la dinámica reciente de la pobreza y la distribución del ingreso, así como sobre las percepciones ciudadanas respecto de la desigualdad y la confianza en las instituciones. La segunda se aboca específicamente al tema del cuidado desde la perspectiva conceptual y política de este como un derecho, la situación del empleo remunerado en actividades de cuidado, el comportamiento del gasto social —y, sobre todo, del gasto de los hogares en servicios de cuidado—, las condiciones de las personas con discapacidades y sus requerimientos de cuidado y, finalmente, las últimas políticas que los países están poniendo en práctica y los desafíos a futuro.

Los cambios en la pobreza observados al nivel de los países muestran situaciones diversas. De los 12 países con información disponible al 2011, siete exhibieron caídas en sus tasas de pobreza: Paraguay (-5,2 puntos), Ecuador (-3,7 puntos), Perú (-3,5 puntos), Colombia (-3,1 puntos), Argentina (-2,9 puntos) y Brasil (-2,0 puntos por año, entre 2009 y 2011) y Uruguay (-1,9 puntos). En estos países la indigencia también se redujo de manera apreciable.
A su vez, la República Bolivariana de Venezuela registró un leve incremento de sus tasas de pobreza e indigencia, de 1,7 y 1,0 puntos porcentuales respectivamente. Por su parte, en Chile, Panamá, Costa Rica y República Dominicana no se observaron variaciones apreciables durante el período analizado, ya que los cambios en la tasa pobreza fueron inferiores a 1 punto porcentual por año (ver nota).
Nota: Las tendencias reportadas para la República Dominicana y de la República Bolivariana de Venezuela no coinciden plenamente con las informadas por los organismos oficiales de estadística de esos países. Estas discrepancias se originan en pequeñas diferencias metodológicas, relacionadas con el deflactor de precios utilizado en la actualización de la línea pobreza y los criterios para construir el agregado de los ingresos de los hogares.  





En la mayoría de los países se observa que un conjunto reducido de la población acumula una gran proporción de todos los ingresos generados, mientras que los más pobres sólo alcanzan a recibir una escasa porción. El promedio simple de los valores de los 18 países de los que se cuenta con información relativamente reciente indica que el 10% más rico de la población recibe el 32% de los ingresos totales, mientras que el 40% más pobre recibe el 15%. (Ver gráfico.)




La percepción de injusticia distributiva y la desconfianza en el poder legislativo, el poder judicial y los partidos políticos se asociaron a lo largo del período 1997-2011. Algunos países presentaron sistemáticamente menos desconfianza y percepciones de injusticia más bajas (Costa Rica, el Uruguay y Venezuela (República Bolivariana de)), otros registraron valores intermedios (Colombia y México) y también hubo países (la Argentina, Guatemala y el Perú) que manifestaron en todo el período analizado niveles muy altos de percepción de injusticia en la distribución del ingreso y de desconfianza en las instituciones.
Entre 1997 y 2010, tanto la percepción de injusticia distributiva como la desconfianza en las instituciones aludidas se asociaron con el coeficiente de Gini. En los países y años en que se verificó una mayor desigualdad objetiva en la distribución del ingreso se apreció una mayor percepción de injusticia distributiva y una más alta desconfianza en las instituciones.
En suma, pese a algunas tendencias positivas observadas en los períodos 2002/2003 y 2006/2007, la desconfianza en las instituciones consideradas y las percepciones de injusticia exhibían en 2011 valores todavía muy altos. Aun más, la fuerte correlación entre la desconfianza en estas instituciones y las percepciones de injusticia distributiva a lo largo del período 1997-2011 sugiere la persistencia de un profundo malestar ciudadano con el modo en que funcionan las instituciones y se distribuyen los bienes económicos, sociales y políticos en los países. A su vez, la asociación entre la desigualdad medida objetivamente y el malestar con  dichas instituciones también indica el carácter conflictivo que en las sociedades latinoamericanas tienen, o pueden tener, los altos niveles de concentración de la riqueza y de diferenciación social prevalecientes.


También se puede ver el comunicado de prensa, donde cabe resaltar:

(27 de noviembre, 2012) La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta que la región finalizará este año con 167 millones de personas en situación de pobreza, un millón de personas menos que en 2011, lo que equivale a 28,8% de los habitantes. El número de personas en extrema pobreza o indigencia se mantendrá estable en 2012, sumando 66 millones, la misma cifra que en 2011.
La pobreza en América Latina continuaría su tendencia a la baja, aunque a un ritmo algo menor al observado en los últimos años, gracias a las proyecciones de crecimiento económico positivo e inflación moderada para 2012 en la región, resume el informe Panorama social de América Latina 2012, presentado hoy en la sede de la CEPAL en Santiago, Chile.
De acuerdo con el estudio, 168 millones de latinoamericanos se encontraban bajo la línea de pobreza en 2011, es decir, 29,4% de la población de la región. Ese año se registró una baja de 1,6 puntos porcentuales con respecto a 2010.
La Comisión plantea que "se requiere un nuevo balance respecto del rol del Estado, del mercado, de las familias y la comunidad en la provisión del cuidado". Urge un nuevo contrato social que establezca una distribución más equitativa de los roles y de los recursos entre mujeres y hombres en el seno de las familias y de la sociedad, y que potencie un nuevo vínculo entre la esfera pública y privada del trabajo con efectos positivos en el desarrollo productivo, dice el organismo.
En cuanto al rol del Estado, resulta indispensable conformar sistemas nacionales de cuidado, que estén dotados de una institucionalidad pública capaz de integrar políticas y servicios, de articular organizaciones y recursos públicos, privados y de la sociedad civil, y de velar por la pertinencia, integralidad y calidad de los servicios.

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