Nosotros, vosotros y ellos. Los buenos, los malos, los injustos y las asociaciones agropecuarias

Revisando las acciones y declaraciones de Biolcati y Llambías  para con el resto de la Mesa de Enlace durante estos últimos días, recordaba los postulados de Platón en la República acerca de cómo se puede trabajar en conjunto, asociarse, armar un colectivo, especialmente entre personas que no tienen una mirada de conjunto.


Estos dirigentes de la Mesa de Enlace, representantes del sector agropecuario, no se organizan en función de lograr que más personas sean incluídas, propiciando un mayor bienestar social, no tienen vocación de servicio, sino más bien, por el contrario lo que hacen es organizarse coyunturalmente, juntar fuerzas para negociar buscando que cada uno esté mejor en términos individuales. 

Hay una diferencia entre representar sectores populares, buscar que esas personas estén cada vez mejor, con mayor calidad de vida, lo cual requiere alguna redistribución de la riqueza, por un lado, y representar a personas que en la búsqueda de sus intereses propicían una mayor inequidad y desigualdad, por otro. 

Es la puja distributiva. Válida por supuesto. Vista desde dentro es todo muy aceptable y así son las reglas del juego, todos quieren estar cada vez mejor. Pero una mirada de mayor altura, en función de la justicia social, apuntando a la condición humana y al bienestar de las personas, nos seduce para pensar que todos tienen que estar bien, sin importar clase, sector, religión o color (etc.), de tal manera que es justo evitar una acumulación desmedida de capital por cuanto esta acumulación excesiva perjudica el bienestar de otras personas. En este sentido, lo ideal es hallar una posición donde pueda perdurar una armonía de clases, sin que ellas pierdan sus características (porque si las pierden no sabemos cuánto perduraría la armonía).

Aquí es donde el Estado tiene una función indeclinable. No me resulta tanto hablar de buenos y malos, creo que es preferible hablar de intereses en pugna. ¿Además parece más serio, no? Como si la seriedad subiera el handicap de algo, no importa: es otro tema. 

El crecimiento sostenido de un país depende en parte de las ventajas comparativas de éste respecto del mundo, respecto del resto de los países, y en parte del desarrollo estructural de sus distintos sectores. Cuanto mejor sea la organización entre sectores y la equidad entre ellos más sustentable será el desarrollo. Cuanto más organizados estén los sectores internamente y mayor sea la equidad entre ellos, mejor será la capacidad del conjunto de los actores (del Estado-nación) de encarar la competencia externa. Es un razonamiento que puede pecar de tautológico, pero justamente ahí mismo reside el poder de esta afirmación, dado que las estrategias de los distintos sectores patronales no parecen estar conducidas por este tipo de argumentos. Así, el Estado tiene la función de arbitrar entre los sectores para que las tácticas de cada uno de ellos no lastime la estrategia del conjunto. Porque sin Estado no puede profundizarse la equidad.


Volviendo al caso puntual de los representantes de las patronales del campo, cabe decir que estos dirigentes les molesta que la agenda de las políticas estatales sea definida por el gobierno con alguna independencia de la influencia de los actores concentrados del capital. Claramente el Estado no los desatiende en sus decisiones, pero no tienen el lugar protagónico en la mesa de la toma de decisiones que tuvieron durante otros gobiernos. Ellos quieren imponer sus intereses. Les molesta mucho formar parte de una organización colectiva que los incluya como un sector más. Pero también les molesta mucho tener que organizarse entre ellos, tener que juntar fuerzas y ser solidarios aunque sea entre ellos mismos para poder construir un colectivo que les permita aumentar sus fuerzas para dirimir alguna parte de la agenda de gobierno. 


En la República de Platón, nos encontramos con esta discusión (ver abajo) acerca de si las personas injustas se pueden asociar. Platón dice que en toda asociación alguna justicia tiene que haber, aunque sea entre sus miembros. Se puede pensar que estos representantes patronales del campo, les molesta casi cualqueir clase de justicia que no sea exclusiva para cada uno de ellos, incluso pareciera que les molesta la justicia que deben sostener entre ellos para poder negociar con el Estado. 

He aquí, en este post, entonces, otro intento de entender y explicar por qué detestan al Estado: porque los obliga a ser un poquito justos. Imperdonable.







Libro I, apartado xxiii de la República de Platón:



XXIII. -Te quedo muy reconocido por ello; pero hazme este otro favor y dime: ¿crees que una ciudad o un ejército, o unos piratas, o unos ladrones, o cualquiera otra gente, sea cual sea la empresa injusta a que vayan en común, pueden llevarla a cabo haciéndose injusticia los unos a los otros?
-Sin duda que no -dijo él.
-¿No la realizarían mejor sin obrar con injusticia?
-Bien de cierto.
-Porque, en efecto, la injusticia produce sediciones, ¡oh, Trasímaco!, y odios y luchas de unos contra otros, mientras que la justicia trae concordia y amistad; ¿no es así?
-Sea así -dijo-, porque no quiero contradecirte.
-Muy bien por lo parte, ¡oh, varón óptimo!, pero contéstame a esto otro: siendo obra propia de la injusticia el meter el odio dondequiera que esté, ¿no ocurrirá que al producirse, ya entre hombres libres, ya entre esclavos, los lleve a odiarse recíprocamente y a dividirse y a quedar impotentes para realizar nada en común los unos con los otros?
-Bien seguro.
-¿Y qué ocurriría tratándose sólo de dos personas? ¿No discreparán y se odiarán y se harán tan enemigas la una de la otra como de las personas justas?
-Se harán -contestó.
-Y finalmente, ¡oh, varón singular!, si la injusticia se produce en una persona sola, ¿perderá aquélla su especial poder o lo conservará íntegramente?
-Consérvelo íntegramente, si quieres -replicó.
-Así, pues, la injusticia se nos muestra con un poder especial de tal índole que a aquello en que se introduce, sea una ciudad o un linaje o un ejército a otro ser cualquiera, lo deja impotente para conseguir nada en concordia consigo mismo a causa de la reyerta y disensión y además lo hace tan enemigo de sí mismo como de su contrario el justo; ¿no es así?
-Bien de cierto.
-E igualmente creo que, cuando se asienta en una sola persona, produce todo aquello que por su naturaleza ha de producir: lo deja impotente para obrar, en reyerta y discordia consigo mismo, y lo hace luego tan enemigo de sí mismo como de los justos; ¿no es esto?
-¿Y no son justos, oh, amigo, también los dioses?
-Conforme -replicó.
-Por lo tanto, ¡oh, Trasímaco!, para los dioses el injusto será odioso; y el justo, amigo.
-Goza sin miedo -dijo- del banquete de la argumentación; yo no he de contradecirte para no indisponerme con éstos.
-Ea, pues -dije yo-, complétame el resto del banquete contestándome como lo hacías ahora; porque los justos se nos muestran como más discretos, mejores y más dotados para obrar, y los injustos, como incapaces para toda acción en común, y así, cuando decimos que siendo injustos hacen algo eficazmente en compañía, no decimos la verdad. En efecto, si fueran totalmente injustos no se perdonarían unos a otros; evidentemente, hay en ellos cierta justicia que les impide hacerse injuria recíprocamente al mismo tiempo que van a hacerla a los demás, y por esta justicia consiguen lo que consiguen, y se lanzan a sus atropellos corrompidos sólo a medias por la injusticia, ya que los totalmente malvados y completamente injustos son también completamente impotentes para obrar. Así entiendo que es esto y no como tú en primer término sentaste. Y en cuanto a aquello de si los justos viven mejor que los injustos y son más felices que ellos [68] , cosas que nos propusimos examinar después, habrá que probarlo. Tales se nos muestran ya desde ahora, me parece, en virtud de lo que llevamos dicho; no obstante, habrá que examinarlo mejor, porque la discusión no es sobre un asunto cualquiera, sino sobre el modo como se debe vivir.
-Examínalo, pues -dijo.
-Voy a examinarlo -repliqué-. Pero dime: ¿el caballo tiene a lo parecer una operación propia?
-Sí.
-¿Considerarías como operación propia del caballo o de otro ser cualquiera aquella que sólo, o de mejor manera que por otros, pudiera hacerse por él?
-No entiendo -dijo.
-Sea esto: ¿puedes ver con otra cosa que con los ojos?
-No de cierto.
-¿O acaso oír con algo distinto de los oídos?
-De ningún modo.
-¿No podríamos, pues, decir que ésas son operaciones propias de ellos?
-Bien de cierto.
-¿Y qué? ¿Podrías cortar un sarmiento con una espada o con un trinchete?
-¿Cómo no?
-Pero con nada mejor, creo yo, que con una podadera fabricada a este efecto.
-Verdad.
-¿No pondremos, pues, esta operación como propia suya?
-La pondremos, de cierto.

Comentarios

Mariano T. dijo…
En que parte del texto Platon dice que 600 millones de dólares van a estar mejor en manos de 8 multinacionales exportadoras que en manos de 40.000 productores de trigo?
Hérnan dijo…
no, eso está en el banquete jajaja qué defendes exactamente?

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