Pasalo a gas, ponele. El debate de los subsidios
Algunas ideas para tirar del tema, en términos conceptuales y no tanto.
Finalmente, pienso que conviene pararse en el lugar de sostener el rol del Estado, y eso en este momento, de restricción externa, implica tomar un montón de decisiones antipopulares. Pero cabe desctacar que no hay ningún fracaso de ningún modelo. No se trata de encastrar el relato con la realidad, sino de entender que todo el tiempo este gobireno, y por eso cabe defenderlo, con críticas si corresponde y donde corresponde, busca con los recursos a mano sostener la fortaleza del Estado, para por un lado, atender las necesidades más urgentes, pero sobre todo, por otro, para que el mismo orden macroeconómico (como ya dijimos) haga más dificultoso, material, electoral y legítimamente, volver al neoliberalismo o algún híbrido familiar de éste, y destruir así los lazos productivos, sociales y culturales construidos con tanto esfuerzo y poco reconocimiento por las clases medias urbanas, en este tiempo, gracias al rol del Estado.
- ¿Son estos dos, 2014 y 2015, los años más difíciles que le tocó vivir al kirchnerismo? ¿O es preferible tener problemas con 7% de desempleo y un bajo porcentaje de deuda externa pública sobre PBI, que tenerlos con 20% y una deuda impagable?
- ¿A quiénes favorecen y a quiénes perjudican los subsidios al gas y al agua, tal como estaban dados? A simple vista el Estado hace un esfuerzo absoluto mayor en subsidiar al que más gasta, antes que al que menos. En términos relativos, es muy posible que la masa de subsidios sobre el que más tiene la factura final de gas y agua implique una menor porción de sus ingresos que el que menos tiene. En los 90 éste era el principal problema: las tarifas de servicios exigían un mayor esfuerzo de los sectores más postergados, además en aquel entonces no había un Estado que protegía a estos sectores.
- Números: AySA devengó en 2013 más o menos $7000 millones en subsidios económicos. Enarsa, más o menos, $30.000. La totalidad del sector energético cerca de $80.000 millones. Son números altos. El gasto público nacional de 2013 fue más o menos $1.000.000 millones. El PBI, más o menos, $3.000.000 millones corrientes. El déficit comercial en combustibles y lubricantes de 2013 cerca de U$S6.300 millones. El déficit primario público de 2013 cerró en $22.000 millones, el financiero en un rojo de $64.000 millones.
- Conceptos: la ortodoxia habla de ajuste, de achicar gasto público, de quitarle Estado a la economía, para que la libertad le devuelva poder los sectores concentrados de la economía. Sí, más. La heterodoxia, en cambio, busca optimizar la intervención del Estado en una época de restricción externa. En la cual, de no tomarse precauciones se corre el riesgo de perder la fuerza del Estado, con el mismo resultado que busca la ortodoxia. Así, el Estado, el gobierno en realidad, busca contrarreloj resolver la restricción externa sin que eso genere nuevos problemas, tales como la inflación que resulta de la devaluación (digresión: la infla que resulta de la puja distributiva es "más sana", porque indica puja, la otra es recesiva).
- De este modo, si el Estado en vez de achicar el gasto, lo reasigna, los efectos no son contractivos, sino que serían neutros, en este sentido. Sin embargo, si la quita de subsidios se aplica a sectores que dejarán de consumir, engrosando la demanda agregada, el efecto será igualmente contractivo. En otro orden de cosas, la manera como se optimece ese gasto puede ser más o menos regresiva o más o menos progresiva. Si se le saca subsidios a los que más tienen y se fortalecen los subsidios al desempleo y el consumo de los sectores más necesitado, estaríamos frente a una política, en ese punto, progresiva.
- No obstante, si por la razón que fuere, se disminuye el consumo total (supongamos, de los sectores medios, en la medida que no se disminuya ningún subsidio a los sectores vulnerables), y se debilita la demanda efectiva, es posible que la economía en su conjunto lo sienta, lastimando más al que más lo precisa. La contracara de esto es que bajará la inflación, como respuesta a que no todo los precios estarán validados por los consuimdores. Por eso, fue fundamental todos estos años generar cada vez más consumo que obligase a los empresarios a invertir, cosa que ocurrió, mucho o en parte, ahora el piso productivo es más alto y los precios, por tanto, serán más bajos relativamente comparados con mayor nivel de demanda.
- Es decir, como toda medida tendrá sus puntos a favor y sus puntos en contra. Depende de dónde uno se pare. Y lo que vaya ocurriendo, porque la realidad muta, siempre. Es un error creer, y pónganlo en la columna de las autocríticas si quieren, que toda medida debe ser celebrada o defenestrada, a veces la misma realidad, en relación con los intereses políticos, obliga a tomar decisiones.
- Mantener los subsidios a la industria, en base a criterios de justicia redistributiva al interior de las cadenas de valor, pasa a ser una herramienta fundamental. Incluso cabe pensar que el subsidio que mañana se quite (en todo o en parte) se puede devolver si se corrige el motivo de esa quita. Construir una política industrial, micro, meso y macroeconómica basada en premios y castigos, o en la reciprocidad empresaria, es uno de los grandes desafíos pendientes de estos años.
Comentarios
Es una reasignación de recursos hacia los menos favorecidos. Ya hace más de una década que los que vivimos en la zona metropolitana pagamos tarifas irrisorias. La recontra, con su doble discurso habitual sale a cacarear que se trata de un tarifazo ó de un ajuste. Si mal no recuerdo, cuando se hacían los ajustes en épocas no muy lejanas, era para PAGAR DEUDA y no para redistribuirlos. Como dijo Patricia Bullrich con respecto a la reduccion del 13% en las jubilaciones en 2001, HABÍA QUE HACERLO. Y en esa oportunidad los medios hegemónicos hacían incapié en la FIRMEZA del gobierno.
Gente sin memoria. Habría que preguntar a quienes pudiendo afrontar el incremento se quejan del "ajuste", cuánto abonan mensualmente por sus abonos de tv por cable ó satélite, por la conexión de banda ancha, ó cuánto pagan su factura de seguro automotor.
Es el gataflorismo eterno. No hay dimensión que los satisfaga, para no decir que no hay por... que les venga bien.
Alcides menciona una eventual caida en la venta de automotores y, al parecer, eso lo alegra. Mirá que hay gente jodida en nuestro querido país.
Saludos
Nunca menos y abrazos