Sobre la inflación estructural en la Argentina de 2021

 

¿Por qué sigue habiendo inflación en la Argentina?  

¿Por qué va a seguir habiendo inflación en la Argentina? 

 ¿Qué hacer?

 

Argentina, junio de 2021.

 

 

Por Lic. Hernán Herrera

Miembro de la Fundación para el Desarrollo Urbano Sustentable (FUNDUS).

 

 

“Las imperfecciones del mercado se traducen por deficiencias del sistema de precios; en tal sentido, la presión no monetaria sobre el nivel de precios es tanto mayor cuanto más defectuoso es el sistema de precios vigente. Las imperfecciones del sistema de precios suelen ser comparativamente altas en las economías de desarrollo insuficiente, por falta de una adecuada extensión u organización de los mercados internos… la cantidad de dinero es una variable endógena y la variable exógena es el nivel de precios o la tasa de salarios, según se trate de un modelo de patrón-mercancía o de patrón-salarios. El primero corresponde a la inflación estructural y el segundo a la inflación de costos” decía el profesor Olivera, y su equipo, en 1960.

 

 

Si hay un tema que genera la muy conocida como “grieta” en la Argentina, ése es la inflación. Porque hay distintas concepciones para entenderla. Por supuesto, si hay grieta hay política, y donde hay cambio de precios hay variación de ganancias e ingresos. Entonces es un tema que afecta la rentabilidad de las empresas o los productores, en pesos y dólares, y también tiene consecuencias en la calidad de vida de los trabajadores. Es una cuestión que la política local pone en la agenda hace décadas. Y llama la atención que todavía no haya materias universitarias en nuestro país, que sean exclusivamente para tratar este tema, en un nivel teórico, pero sobre todo práctico. Ya que a veces la resolución del problema en términos prácticos puede pensarse de modo aislado de sus causas. Aunque a veces no. Asimismo, esta mínima introducción no sería completa si no podemos hacer la siguiente consideración: la inflación es un problema importante que tiene la Argentina, pero nunca se puede subordinar la producción y el empleo a bajar la inflación, la solución debe ser tal que haya sinergia entre una menor inflación y un aumento de la producción, la productividad, el empleo y las exportaciones. Entonces, el problema es de la política porque según la forma como se encare la cuestión va a haber distintos niveles productivos y de calidad de vida, así, si hay varios modos de abordar el tema, entonces hay distintas representaciones sociales y políticas que se pueden ejercer. Y eso hacen nuestros partidos políticos, las diferencias no son tan livianas como a veces quieren decirnos.

 

Motivos de la inflación

 

Si la inflación fuera determinada por la emisión monetaria alcanzaría con dejar de emitir. No alcanza. Dejar de emitir sólo sirve para anclar el movimiento de precios producto de otros efectos, como puede ser la menor actividad (menos transacciones, porque hay menos dinero real, en los términos de la misma teoría cuantitativa), y un aumento del desempleo, por ejemplo, y, por tanto, afectar así la economía real, verdadero espacio donde se dan los cambios de precios relativos que afectan al conjunto de precios, su inercia, y posibles cambios en su formación. Entonces como el verdadero problema de fondo es la disputa distributiva, dejar de emitir no garantiza que se desinfle el aumento de precios, porque no asegura que esa puja se detenga (sólo ayuda a inclinarla hacia la concentración del capital).

 

No nos quedemos en el debate de fondo. Porque queremos dar cuenta de qué pasa actualmente con los precios en nuestro país. La inflación es un proceso generalizado de cambio de precios. Entonces entre las causas de la inflación, cuando existe, y en la Argentina es más regla que excepción, es preciso ver qué está cambiando que afecte a todos los precios. Posiblemente se trate de cambios en precios relativos (el dólar o los salarios, siendo las tarifas una consecuencia de la combinación del precio del dólar y de la disputa distributiva). El debate arranca cuando queremos ver qué está cambiando, y más aún cuando queremos identificar qué cambia primero. No suele ser el nivel de dinero circulante lo que cambia primero. Pero como en una Gestalt mal pergeñada, muchos insisten en creer que el dinero emitido se regala y eso afecta los precios.

 

Por supuesto, el dinero en circulación tiene su efecto en el nivel de transacciones que ocurren en el mercado, pero sólo aguas abajo, porque aguas arriba la actividad de la economía real no es causada por una mayor emisión, sino por una mayor demanda (interna o externa), y apalancamiento vía tasas de interés y otros beneficios a la oferta. Pero de vuelta ¿este circulante depende de la decisión de emitir para financiar por ejemplo al Estado -exógena- o depende de variables vinculadas con el nivel de actividad y precios -endógena-? No sólo no está claro cuánto de la validación de la primera parte de la pregunta se vincula con teorías monetaristas clásicas, pero suponiendo que esto es así, sigue sin estar claro por qué el gasto público adicional genera inflación mientras que un gasto público similar a la recaudación no la generaría (sobre esto volveremos inmediatamente después). En todo caso, esto explica cómo se afecta en el margen al crecimiento, y vuelve a situar al origen de la emisión en una decisión endógena.

 

La inflación monetarista es muy fácil de entender, y simple, si hay más pesos, entonces las mismas cantidades se reparten en nuevos precios para completar esa nueva cantidad de pesos, y cuando esto se acelera, del otro lado, la gente quiere menos pesos (como si comprar por ejemplo un litro más de leche para llevar a la mesa fuera no querer pesos), y se los saca de encima, entonces los pesos pierden su valor, como si fuera otro bien, y los precios aumentan porque se ajustan al exceso de dinero, sin ajustar oferta. Lo cual tiende a acelerarse por las expectativas. Como argumento suena lógico. Pero esto funcionaría solamente si los pesos cayeran, o los tirara el maldito populismo, de un avión. En realidad, esto no es así, y hay condiciones de la economía real para que haya mayor acceso a pesos (salarios, mejoras en acceso al crédito, aumento del empleo, etcétera). En todo caso, queda la monetización del déficit fiscal como única vía para que lluevan pesos, pero esto no está estrictamente dentro de la explicación monetarista y no está claro que tenga efectos inflacionarios difundidos en todos los bienes, como suponen dichas teorías. En realidad, el único impacto que tiene todo esto, nada más y nada menos, en la inflación, es por su efecto en la distribución del ingreso.

 

Estas lecturas ortodoxas no toman en cuenta que la sociedad se corta en muchos grupos sociales. Ni que la economía no suele estar en pleno uso de los factores, ni está en equilibrio. Entonces no es lo mismo el sector que se desprende del mayor ingreso porque necesita consumir para vivir mejor, que los agentes sociales que buscan maximizar excedentes para comprar moneda extranjera o colocar en posiciones financieras. No es lo mismo, por tanto, recaudar más y que haya menos márgenes -en grandes números- para presionar sobre la moneda local, en base al aumento de posiciones en monedas extranjeras por parte de los sectores que obtienen ganancias en el mercado. De este modo tiene sentido el equilibrio fiscal, pero no para generar un ajuste en el gasto, sino para obtener los recursos de la misma economía en iguales cantidades. En cualquier caso, puede ser la tasa de interés la que haga de buffer, ya que puede orientar esos excedentes a instrumentos en pesos y no a posiciones en dólares, este punto es relevante.

 

Como se puede ver en el siguiente gráfico, hay una correlación entre precios de la economía y la variación del dólar. Esa correlación es la de los costos por un lado, y la de disponibilidad de flujos de dólares para atender su demanda frente al crecimiento de la economía (recordemos que el crecimiento exige más importaciones en relación de 1 a 3, pero con una brecha mayor a la salida de una crisis) y a la existencia de mayores ganancias que buscan dolarizarse, para el caso argentino. Como se podrá entender, tanto cuando se crece con distribución del ingreso a favor de la demanda (más impo), como cuando la disputa distributiva la ganan los sectores concentrados (más dolarización de excedentes, devaluaciones y flexibilizaciones), en todos los casos se precisan más dólares, y en todos los casos el equilibrio es difícil.

 


 

 

 

¿Qué pasa hoy?

 

Tal como se puede ver en el próximo gráfico, hay costos que son liderados por el dólar, en base a cuestiones estructurales, y esto promueve la suba de precios, en la medida que haya mercado para esos bienes, y aquí entra a jugar el nivel de actividad. Entonces, la emisión cumple el rol de dar oxígeno a nuevos niveles de actividad (porque el crecimiento requiere más dinero en términos reales), generando mercado y actualizando precios en base a sus costos. Este proceso puede empujar las tasas para arriba, o puede desde otra óptica exógenamente incorporar tasas más altas para que las nuevas ganancias de ese nuevo crecimiento no se dolaricen. La tasa juega un papel central.

 

Yendo a lo nuestro. Hay un problema pocas veces señalado en los informes ultra politizados de la prensa actual, y ese problema es que estamos saliendo de una devaluación, y salir de una devaluación siempre es traumático. Se puede recordar cuando le pedían al macrismo que hable de la herencia. ¿De qué herencia iba a hablar si la economía tenía un nivel de salud tal que en 2 años la administración de Macri tomó 100.000 millones de dólares de deuda neta? Nadie le presta esa cantidad a una economía con altos conflictos financieros. Hoy sí corresponde hablar de este problema. Hay política.

 

Y la inquietud es la siguiente: cuando el dólar sube exactamente 10 pesos como en agosto de 2019 (de $42 a $52), o exactamente 100% (de $19 a $38, entre enero de 2018 y diciembre de ese año) ¿hay razones técnicas, o políticas, o ambas? ¿Por qué no podía subir 9,5 pesos en 2019 o 88,5% durante 2018 (datos del mayorista)? La respuesta es que hay condiciones técnicas macroeconómicas, pero la política es la que termina redondeando para arriba o para abajo, y en cualquier decimal más hay implicancias productivas o de distribución del ingreso.

 

Entonces, ahora sí hay que salir de un verdadero plan bomba. Mirá vos. Los precios van a seguir subiendo porque las devaluaciones de 2018 y 2019 todavía no se traspasaron completamente a precios por la crisis de la pandemia. Mientras se discutía si los precios seguían al oficial o al blue, nadie se detuvo a ver que ni siquiera han alcanzado al oficial todavía. Todo este incordio intelectual por supuesto que no es casual. Sólo el Estado puede arbitrar en la carrera entre precios y salarios para que ganen éstos.

 

Debe destacarse que inflación vamos a seguir teniendo, nos guste o no, y aunque estén o pongamos a los mejores técnicos en cada lugar, porque estamos saliendo de esta devaluación, y de una restricción externa muy fuerte que obligó a seguir llevando el dólar durante 2020 para apagar posibles mayores tensiones, porque a la restricción externa que ya teníamos en los flujos, el macrismo le agregó una crisis de deuda imposible. Notable.

 

Los precios siguen a los costos que son conducidos por el dólar, y el reacomodamiento se da en función de la puja distributiva, que tiene vasos comunicantes con la política, y se refleja en la economía real a medida que crece la actividad. En efecto, desde abril de 2018 hasta acá, abril de 2021, el dólar subió alrededor de 360%. El IPC lo hizo en casi 250%, y dentro de éste, la carne fue la que más subió: 320%. Va a seguir habiendo inflación porque venimos de una maxi devaluación, no podemos decir otra cosa, corresponde explicarlo bien, y recién ahora que hay actividad empieza a ajustarse la economía a esa misma relación entre precios y dólar como había antes de la explosión de la burbuja. ¿Los salarios? No subieron más de 210% en promedio. La base monetaria en ese lapso no subió más de 150%, y esta oferta de dinero pisada es la que está frenando un crecimiento más rápido, producto de la concepción que indica que hay que ir a la velocidad que la oferta pueda ir. Por eso hay tan varios instrumentos para apuntalar la oferta productiva en este momento, sin perder de vista que la mejor forma de provocarla es con mayor demanda (además de que resolver las necesidades sociales implican mejorar los niveles de demanda).

 

El diagnóstico correcto no debe distraernos con pesimismos que nos inmovilicen, lo que corresponde es usar todas las herramientas del Estado para pisar precios mientras se alientan paritarias por arriba de la inflación, cosa que ocurre cuando mejora la actividad. Y en este camino estamos actualmente, aprovechando que el récord de ingreso de divisas en el primer cuatrimestre de 2021, permite coordinar mejor con el fjujo de dólares (ver gráfico).

 

La respuesta es política y tiene que ver con el poder de cada uno de los actores para tomar excedentes, o apropiarse de las oportunidades de negocio porque hay mercado. Entonces el origen inicial es la puja distributiva entre sectores para obtener mayores ingresos o rentabilidades. Hay una relación entre costos estructurales, y nivel de actividad, que impacta en salarios y precios.

 


 

Hoy el Estado planea inyectar 1,3% del PBI como gasto adicional para enfrentar la caída por la segunda ola. Tengamos en cuenta que en abril de 2021 el salto de gastos de capital reales fue 38% contra abril de 2019, en línea con la suba real de recursos. El gasto autónomo es la única chispa exógena posible para crear actividad. Y esta tensión es la que estamos transitando actualmente. No es para nada menor. Debe quedar claro que la solución debe ser siempre estabilizar las variables de la macro en niveles óptimos para que haya una buena combinación de creciente producción industrial y calidad de vida de la población (nivel del tipo de cambio, nivel de gasto sobre PBI, nivel de recursos sobre PBI, nivel de salarios en poder adquisitivo, apuntando a buenos niveles que a su vez permitan su crecimiento por productividad, entre otras muchas variables). Esto lleva bastante tiempo.

 

Es importante comprender que el Estado es el elemento estrictamente político que puede arbitrar en estas carreras, disputas, variables, para llevarlas lo mejor posible en función de los objetivos que se fueron conversando en esta nota:

 

·         Moderar la inflación, con las anclas que sea posible, la regulación sectorial, y sin crear burbujas que puedan traer inconsistencias al sistema macro más adelante.

·         Arbitrar las relaciones sociales entre capital y trabajo para generar que los ingresos de la población les ganen a los precios.

·         Lograr impuestos progresivos, y aranceles inteligentes, para que el efecto de algunas variables en equilibrio, como el tipo de cambio, compensen sus efectos redistributivos y no tenga un beneficio económico disfuncional entre los exportadores.

·         Apuntalar la mayor producción, con hincapié en las exportaciones, la innovación, el desarrollo energético y la diferenciación productiva.

·         Incentivos a la oferta, para que la inversión pueda acompañar una mayor demanda agregada, promovida por el Estado, de modo de coordinar las necesidades de la economía y desinflar algunos ajustes por precio.

 

Como se podrá detectar todas estas líneas requieren mucho trabajo y paciencia. No hay respuestas inmediatas, pero sí debe haber fuerza política para llevar a cabo las acciones que se desprenden de estos diagnósticos. El desafío electoral forma parte de todo este mapa. El gobierno está en ello

 

 

 

 

Originalmente publicado acá.

 

Nota: El autor agradece los comentarios y los debates de los detallistas miembros de FUNDUS, pero el contenido de la nota corre bajo la responsabilidad del autor.

Comentarios

creo que la inflación es un problema político, no económico. se da en el marco de la puja distributiva.
Si observamos los países latinoamericanos veremos que los de mayor inflación son argentina y venezuela. Ahora bien, Brasil, Paraguay, etc, son muy distintos nosotros? Si y No. No porque pertenecemos al grupo de los países dependientes. Y si, porque en argentina fundamentalemente y gracias al peronismo se dio un movimiento sindical muy fuerte que es capaz de disputarle las ganancias al sector del capital. Ante estas ciscunstancias, el capital la forma más rápida y efectiva que tiene de inclinar la bza a su favor es mediante el mecanismo de precios.
Sobre este tema escribí el capítulo 10 del libro "del otro lado de la mecha" si les interesa les puedo mandar el capítulo en pdf. atte

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